Phantasm

Anoche me puse a ver sin muchas ganas la película Phantasm (Dan Coscarelli, 1977) un clásico del terror de bajo presupuesto del que había pasado durante años hasta que alguien me recomendó echarle un vistazo. (Acostumbro a darle una oportunidad a engendros, de hecho tengo a medio ver L’Inhumaine (Marcel l’Herbier, 1924) porque es perfecta como preludio a la siesta)

Y la verdad es que resultó interesante. No la historia en sí, ni la técnica -bastante floja a todos los niveles- sino unos puntos que no tienen demasiado sentido.

La película, por resumirla, va sobre un enterrador -el Hombre Alto, un tipo largo y siniestro con un aire al predicador Kane (Poltergeist II, Brian Gibson, 1986) protagonizado por Angus Scrimm– que en realidad es un extraterrestre o tal vez un ser transdimensional; su tarea es robar cadáveres para «comprimirlos» y convertirlos en enanos zombies que trabajan como esclavos en un mundo desolado, con gravedad elevada y bastante calor. Estos enanitos del desierto llevan chilaba y son tremendamente parecidos a los jawas de Star Wars, sólo que ladran. Recordemos que Star Wars se estrenó en el ’77 y la película de Coscarelli en el ’79, pero se filmó dos años antes. Para acceder al planeta desértico de los esclavos se pasa por un portal que transporta inmediatamente al otro sitio a través de un torbellino de nubes, igual que en Stargate (Roland Emmerich, 1994).

El enterrador cuenta, además de sus poderes personales de aparecer en espejos y sueños cuando menos se le espera como Freddy Krüger (A Nightmare in Elm Street, Wes Craven 1984) y el ejército de enanitos, con unas bolas asesinas buscadoras capaces de perseguir volando a la víctima con la aviesa intención de clavarse en su cráneo. Estos objetos recuerdan mucho a los hunter-seekers de Dune, que llevaban agujas envenenadas en lugar de una broca del 8.

Pero ésta no es la única referencia a Dune: hay una escena que es un puro plagio de la prueba del gom jabbar que puede leerse aquí. Una vieja adivina fuerza al protagonista a meter la mano en una caja, quedando atrapada y (aparentemente) provocándole dolor. Cuando al fin el chico retira la mano, ésta está intacta y la vieja dice: –todo está en la mente, el miedo es lo que mata.

Pero la película Dune (David Lynch, 1984) en la que aparece esta escena no pudo ser influencia: sin duda Coscarelli expuso elementos de la novela de Frank Herbert (1965). Lo curioso es que hay montones de detalles que cualquiera diría que son copiados de otras películas, si no fuera que son todas posteriores. ¿Habrá influido la penosa Phantasm en las mentes creativas de Hollywood de la siguiente década?