


Casi hubiera llegado un poco mojado a casa de no ser por la grieta entre la cámara y la válvula; ni siquiera fue un pinchazo auténtico (se supone que las cubiertas tejidas de mi bici holandesa son capaces de resistir una tachuela puesta debajo). Aparte de la ducha, la temperatura baja un montón en estas tormentas repentinas, así que por poco no pillo un resfriado bueno.
Y esto no tiene pinta de ser el chaparrón solitario de otoño… cambio climático, vaya. A Almería le viene bien.




