Aparte de provocar las molestias alergias que algunos sufrimos en esta temporada, el polen es responsable de uno de los métodos de reproducción más eficaces de la biología: gracias a ello las plantas modernas con flores (Magnoliophyta o angiospermas) desarrollaron una simbiosis con los animales -básicamente insectos– y se expandieron dominando toda la Tierra en unos cuantos millones de años.
Pero ¿cómo eran estas primitivas simbiosis? Un hallazgo empotrado en ámbar en Álava (España) nos da una idea: son unos trips, pequeños tisanópteros primitivos de alas plumosas, que llevan pegado en sus pelos granos de polen de ginkgo o cycas. Estas plantas no son de flor, son gimnospermas que basan su estrategia aún hoy en la difusión aérea del polen (como los pinos por ejemplo).
En la actualidad los trips dedican su tiempo a ser una plaga de los cultivos, pero estos restos de hace 110 millones de años (d0s especies clasificadas: Gymnopollisthrips major y minor) muestran unas hembras cubiertas de pelo llenas de polen. Los machos encontrados carecen de pelo, por lo que se ha teorizado que el destino del polen era ser alimento para las crías. Esto implicaría algún tipo de sociedad primitiva, con zonas de cría conjunta, así como episodios de polinización accidental al pasar de una planta a otra. El tiempo haría el resto.
Nota del Instituto Geominero (en pdf)
Visto en New Scientist.



