R.I.P. Carlo Rambaldi, 1925-2012

Carlo Rambaldi murió el viernes pasado en Calabria, donde vivía hace tiempo, con 86 años. El nombre puede sonarle a la gente de más de treinta años… este señor, formado en la escuela de Bellas Artes de Bologna, era un técnico de animatrónica (o mecatrónica), disciplina que tuvo su auge en los años ’80 y ahora está un poco venida a menos. Mediante motores eléctricos, poleas y sistemas hidráulicos controlados electrónicamente, y una cubierta de poliuretano y silicona modelada y pintada con primor, las marionetas hiperrealistas de Rambaldi dieron vida a más de una criatura famosa de Hollywood.

La primera de la que llegué a oír fue el King Kong de Dino de Laurentiis: un gigantesco mecanismo de acero cubierto con pieles y cuero de caballo, con el que Rambaldi hizo a tamaño real la mano, la cabeza y otros elementos del gorila para los primeros planos. Luego vino el Alien de Ridley Scott, cuya cabeza es un prodigio de hidráulica portátil; los «grises» de Encuentros en la Tercera Fase y el ET de Spielberg, el Dagoth de Conan, los bichos de Dune… y también infinidad de otros efectos en películas cutres.

Según el propio Rambaldi, que desdeñaba los efectos digitales, el coste de una criatura moderna en CGI es unas ocho veces superior al del mismo bicho mecatrónico; hacer ET (que costó un millón de dólares y se hizo en tres meses) en digital implicaría el trabajo de unos 200 infografistas y técnicos durante cinco meses, más los equipos. Pero, al igual que pasa en oposición a las maquetas de naves y los exteriores y las escenas con extras, la imagen CGI ofrece control total al estudio, cosa nada desdeñable. ¿Que se ve plasticoso y falso? Ya se acostumbrarán.

Pero todos sabemos que todo ese terror tecnológico es insignificante en comparación con el poder de la Fuerza creatividad de un artesano brillante. Buen camino, Carlo.

Noticia en La Repubblica.