Sanguijuelas

El reciente descubrimiento en Perú de una nueva especie de sanguijuela, Tyrannobdella rex, viene bien para recordar un poco cómo trabajan estos asquerosos bichos.

Las sanguijuelas son anélidos, parientes de la lombriz de costumbres predadoras que vive en corrientes de agua dulce y no hace ascos a parasitar vertebrados de vez en cuando: para ello se adhiere con su boca-ventosa y corta la piel con los dientecillos de sus tres mandíbulas (Tyranobdella sólo tiene una mandíbula con ocho dientes grandes) mientras inyecta calmantes y anticoagulantes en la herida, igual que hacen los vampiros. Normalmente el animal se pega a la piel exterior y chupa hasta hartarse; luego se desprende, dejando una herida que no suele doler. El gusano no es portador de enfermedades, como los mosquitos y las chinches. Pero algunas se han adaptado a otras cosas, y Tyranobdella se ha especializado en la mucosas nasofaríngeas. Se mete por la nariz o boca cuando estás nadando y se fija al interior, para vivir una vida algo oscura pero cómoda.

Otras prefieren introducirse por debajo de los párpados, vagina, uretra o ano. Recordemos que, mientras esta nueva especie tiene unos ocho centímetros, la sanguijuela común puede medir hasta veinte. Calma: en Inglaterra constan sólo ocho casos documentados de estas penetraciones infames en los últimos treinta años. La pobre sanguijuela es un animal en receso, sobre todo debido a la destrucción de su hábitat: en la Francia del siglo XIX se calculaba la población de estos anélidos en 50 millones; hoy está extinguida en estado salvaje.

Tyrannobdella rex N. Gen. N. Sp. and the Evolutionary Origins of Mucosal Leech Infestations, artículo en PLOSone (desde io9)