Sexos en plural! Muchos!

Una de esas cosas aberrantes de la ciencia ficción es que pocas veces se contempla el sexo con imaginación. Tal vez Tiempo para amar de Heinlein (donde el protagonista se acuesta con todo lo que pilla e incluso tiene una hija con una computadora) o La Estrella de los Gitanos, de Silverberg, con la escenita en la que un mar viviente copula y asimila a la vez a quienes caen en sus aguas, sean ejemplos imaginativos. Por lo demás, todo cae en el aburrido concepto de dos sexos biológicos y anomalías entretenidas (homosexuales, bisexuales, curas, jedis, vulcanos…) porque ¿quién sería capaz de imaginar más sexos?

El sexo aparece como la necesidad de intercambiar información genética entre individuos. Uno se cruza con otro, combina su ADN y fabrica una copia híbrida que tal vez, tal vez, tenga una combinación de rasgos mejor que la de sus progenitores. Es un negocio arriesgado y lento, pero los genes y la naturaleza tienen tiempo para ello. Ya lo decía el propio Heinlein,

El zigoto es la forma que tienen los gametos de perpetuarse

Una forma original de considerar la existencia: nosotros, el ser adulto, no somos más que el vehículo portador del semen (o los óvulos, si corresponde).

Las bacterias también tienen su juerga: aunque no necesitan acoplarse a otra para desencadenar el proceso de replicación -de hecho muchos animales superiores tampoco- se juntan a veces para intercambiar material genético con sus pelos sexuales, tal vez la versión más minimalista de pene.

El organismo unicelular conocido como Tetrahymena thermophila es un ciliado: un cilindro de protoplasma rodeado de pelitos con los que nada por las aguas dulces de todo el planeta, y tiene siete sexos, todos ellos interactuables entre sí, lo que nos da una estremecedora cifra de 21 combinaciones posibles. Como son tantas, no tienen nombres como macho, hembra, gay, lesbiana, travesti o así; sólo usan numerales romanos. Bueno, los usan los científicos mientras las observan desde arriba. Pero ¿qué significa realmente tener siete sexos?

Entre los humanos, el sexo lo define el cromosoma del par 23 y es muy simple: XX (mujer) o XY (hombre). Esto significa, por ejemplo, que los hombres tienen más surtido de información pero también la debilidad de no contar con «copias de seguridad»; si la expresión de un gen del X está defectuosa el individuo macho padecerá alguna deficiencia funcional, mientras que la hembra podrá echar mano de la copia de ese gen repetida en el otro cromosoma X. Por ejemplo, esto es lo que ocurre con la hemofilia, donde las mujeres son portadoras pero no sufren la enfermedad.

T. termophyla controla su sexualidad con un gen denominado MAT que dispone de 14 alelos, cada uno ofreciendo distintas probabilidades de generar individuos del sexo I, II…VII. Esto ofrece unas poblaciones con una distribución de sexos muy variada y pintoresca.

Yo creo que este dato así solo podría dar para esbozar el guión de una serie de ciencia ficción que la daría mil patadas a V o Alien Nation, en la que los extraterrestres lo más original que hacían era beberse los cartones de leche caducada. Ahí lo dejo caer…

Visto en New Scientist.