Hace un par de artículos describía un bosque primitivo al cual solía ir a explorar y cazar insectos, fantaseando con su aspecto primitivo. Los bosques del Carbonífero no conocían aún a los dinosaurios ni por supuesto los pájaros; los pocos animales grandes que rondaban el suelo eran anfibios que asomaban sus cabezotas fuera del agua. Entonces, ¿quién dominaba los inmensos bosques? Los artrópodos: insectos, arácnidos y miriápodos de tamaño gigantesco. Se lo podían permitir porque aquellos grandes bosques de crecimiento continuo no hacían más que secuestrar dióxido de carbono de la atmósfera; fue la época de la Tierra con más oxígeno ambiental.
Así que los insectos, que respiran a través de unas estructuras ramificadas que se abren al exterior en forma de poros en su coraza, podían alcanzar tamaños relativamente grandes: milpiés de 2,5 metros, arañas y escorpiones de casi un metro, libélulas de 75 centímetros. En la actualidad, un insecto de medio metro no podría oxigenar correctamente sus tejidos y moriría. Lo que no impide que haya algunos bastante grandes.
Precisamente desde las montañas de Chengdu en la provincia china de Sichuan nos llega el descubrimiento de un enorme bicho -aún no tiene nombre- de veinte centímetros de envergadura y aspecto amenazador. Pertenece al orden Megaloptera, un grupo primitivo de insectos acuáticos emparentado con las efímeras y las hormigas león*. Bichos casi idénticos a este serían lo habitual en las charcas de los bosques carboníferos. Pese a su aspecto, las mandíbulas son ornamentales: se usan para la cópula. El adulto casi no come, es la larva acuática la que se hincha a cazar renacuajos y otros insectos.
* antiguamente, Megaloptera se consideraba un suborden de Neuroptera, que es al que pertenecen estos otros insectos.
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