Hace unos días estaba buscando ciertas referencias a Mu -el legendario continente perdido del Pacífico- y las crónicas reseñadas en las famosas Tabletas Naacal, cuando me topé con un ejemplo bien claro de cómo funcionan estas cosas: la ciudad perdida de Kara Khota, en Mongolia. Lo reseño aquí como advertencia para navegantes ilusionados.
La historia empieza con el coronel James Churchward -un británico que además era arqueólogo y antropólogo aficionado en aquellos locos primeros años del siglo XX- quien obtuvo referencias de Mu a partir de los tratados de H.P.Blavatsky y Le Plongeon, lo cual le picó la curiosidad.
Pero fue gracias a su amistad con un sacerdote hindú que adquirió el conocimiento para leer la misteriosa lengua Naacal -de la cual se dice que es más antigua que la propia raza humana- y traducir las tablillas encontradas en América del Sur, parte de una vasta biblioteca incompleta. Más adelante, Churchward se lanza a la búsqueda de más tabletas en otras partes del mundo. Y ahí es donde aparecen los túneles bajo la mítica ciudad de los Uighures, que se alzaba resplandeciente en Mongolia cuando el Gobi era un exhuberante vergel…
«Y qué pensar del descubrimiento del arqueólogo ruso Koslov, quien se encontró con una arcaica ciudad: Kara Khota (la legendaria Ciudad de Oro), también en el desierto de Gobi, que contenía una tumba decorada con un mural que representaba a una joven pareja de aristócratas, posiblemente reyes, estimándose una antigüedad de 18.000 años…»
Esta cita se repite en docenas de sitios, con más o menos modificaciones. La tumba ostentaría el emblema del reino perdido de Mu. Bien, aquí hay una referencia clara a un sitio arqueológico excavado y con nombres. Veamos dónde nos lleva…
Pyotr Kozlov fue un militar y aventurero ruso, novio de Nikolai Przhevalsky (sí, el que da nombre a los famosos caballos salvajes mongoles). Éste le introdujo entre otras cosas 😛 en las expediciones asiáticas, y así en 1908 pudo descubrir o más bien excavar las ruinas de Khar Khot («Ciudad Negra») previo pago de una tasa al caudillo local, porque el lugar era sagrado.
Khar Khot, por otra parte, era una ciudad de la nación Tangut (una tribu nómada del noroeste de China) y fue edificada en 1032 DC como punto de comercio en las rutas a Karakorum y Xanadu. Por lo visto fue arrasada por los Ming en 1372… todo ello bastante más reciente que 18.000 años. He aquí algunas fotos que tienen un punto de exotismo (puedo imaginar a Conan andando hacia esas torres con un sable hyrkanio en una mano y una bella esclava en la otra…) pero nada de antigüedad demoledora.
La versión original de la historia, menos conocida y contada directamente por Churchward, dice que Kozlov encontró debajo de Khar Khot y bajo una capa de aluvión de guijarros otra ciudad perdida, capital del imperio Uighur:
«At the time the Uighur Empire was at its peak, the mountain had not been raised and what is now the Gobi Desert was a rich well-watered plain. Here the capital city of the Uighurs was situated, almost due south from Lake Baikal. In 1896 a party of explorers, upon information Received in Tibet, visited the site of the ancient city of Khara Khota. They had been told that the Uighur capital city lay under the ruins of Khara Khota. They dug through these ruins and then through a stratum of boulders, gravel and sand fifty feet in thickness, and finally came upon the ruins of the capital city. They unearthed many relics but, their money giving out, they had to abandon their enterprise. They met the Russian archeologist Kosloff and expedition and continued their work at Khara Khota. Kosloff gave a report of his findings which I have already Given in Lost Continent of Mu.»
Esto ya es más coherente. Aun así, el Imperio Uyghur fue un reino turco-mongol que existió entre los siglos VIII y IX DC; difícilmente se le puede asociar a la gloria prehistórica de Mu. Kozlov se llevó de Khar Khot más de dos mil libros y pinturas fruto de la prolongada campaña de excavaciones, pero no aparece mencionada ninguna tumba milenaria (lo cual le habría dado un sitio en el panteón de los arqueólogos más importantes).
Así que del texto original -repetido en mil ocasiones pero nunca verificado- nos queda una tumba inexistente en una ciudad diecinueve mil años más joven de lo que se dice, perteneciente a un pueblo normalito y no al mayor imperio que haya colonizado el planeta. Nada. Fin de la anécdota, de momento. Moraleja: antes de afirmar nada, mejor comprobar un poquito.
Esto de citar fuentes indemostrables o directamente erróneas era propio del buen coronel, pero también de Blavatsky y compañía, lo que hace difícil verificar o rebatir cualquiera de sus afirmaciones. La gran ventaja de este siglo XXI es que podemos comprobar rápidamente en gran medida lo que se nos afirma; en los ’70 no teníamos estas cosas y así nos iba. Eso sí; ilusión, daba mucha!




La falta de flujo de información de esas épocas conllevaba estas cosas… Eso sí, como dices, había mucho más misterio romántico… 🙂
Se agradece siempre el rigor histórico y de la lógica de un reportaje más que la fantasía pura y perdida en la nebulosa de una mente febril!.
He pasado por cientos de páginas buscando material para un guión de Comics, y la verdad es que he visto desde cosas agarradas de la mechas(Dscocadas ó fuera de lugar), hasta artículos astrológicos que poco ó nada de base científica tienen, por lo que se agradece un pequeño oasis de razón dentro de tanta volada pseudocientífica.
Ian Müller
Muchas gracias! Me gusta rascar datos de los misterios que oigo, y casi siempre la verdad que hay detrás… es aburrida. Pero es la verdad.
Por suerte, por cada mito que cae aparecen dos o tres nuevas historias entre sus pliegues. Así se mantiene la imaginación despierta -pero no podemos descuidar el juicio crítico, por respeto a los demás y a nosotros mismos.