Bruxelles, une autre fois

Este diciembre me ha dado el punto y me he ido a pasar mi cumpleaños a Bruselas. Bueno, relativamente, ya que ese día estaba en Amsterdam; pero unos días en la capital belga sí que he estado. Hacía ya tiempo…

Tengo un raro vínculo con la capital de Europa, y aunque tarde o temprano echo de menos a todas las ciudades que conozco en alguno que otro aspecto (fatídica morriña en mi caso!) Bruselas es lugar al que he de volver de vez en cuando, como el vampiro a su ataúd. Y digo esto porque no es un sitio especialmente agradable: es una ciudad lluviosa -siempre- fría y oscura en invierno, una especie de Gotham europea con sus edificios art decó y neogóticos chorreantes. Pero vuelvo.

Los belgas son raritos, a medio camino entre francés y alemán con un punto de holandés (como se nota en el flamenco, su segundo idioma): un primer aspecto frío que luego se desdice con mucha simpatía y extroversión. Gente estupenda pero contradictoria: una ciudad vieja donde el comic, la bande dessinée siempre está presente

Mural en Marolles

(esto es uno de los muchos murales que cubren las viejas fachadas, concretamente una plancha de Roba junto al Marché Vieux de la Place du Jeu de Balle)

Una ciudad europea cara donde el plato favorito son los cartuchos de patatas fritas (mmm! y bien buenos!); donde un sistema de comunicaciones bien engrasado se contradice con calles medievales de nombre cambiante y trazado en zigzag; donde puedes encontrar un numismático facha compartiendo escaparate con un videoclub gay; eh… creo que todo se puede resumir en «una ciudad europea».

La llegada vía Charleroi – Gare du Midi ya presagiaba los cinco días de llovizna y frío que iba a pasar, pero no estaba preparado para los cambios que iba a notar en mi Bruselas. La ciudad, oh sí, la ciudad está como siempre, y hay tiendas que llevan veinte años exactamente igual (pequeñas panaderías, librerías…) lo cual da mucho que pensar sobre su sistema económico. Han soportado la inflación del euro igual que nosotros, y se notan indicios de decadencia. Gente mendigando, vagos, barrios marginales donde antes había hileras de casitas. Avisos previniendo contra los carteristas. Policías, pocos: eso sí. La inmigración asiática y africana de hace una generación ya se ha afincado, y ahora el relevo lo toman los países del este que son los desubicados del momento.


Casas viejas y cosas nuevas

La historia en una imagen: casas típicas abandonadas, que da pena de verlas, y son sustituidas por pisos de concreto mucho más vulgares.

Las fechas navideñas resultan más peliculeras en estos países: el mercadillo navideño de todos los años, que parte de los alrededores de la Grand Place y llega hasta Sainte-Catherine, se llena de bullicio por las tardes y del olor de salchichas y demás cosas para picar por las noches. Un vasito de glückwein -vino caliente con especias- te quita el frío, y hay tantas cosas para probar que la cena se convierte en un «tapeo» navideño. La repostería tampoco se queda atrás, sobre todo con estos expertos en chocolate. Gauffres, bollos rellenos… caloría que se queman con rapidez mientras el cuerpo intenta mantenerse descongelado.

La Bourse en Navidad

El edificio de la Bolsa, iluminado y lleno de puestecitos de comida, artesanías, etc. Son las 8:00 PM y hacen unos 7 grados. Justo al frente: un puesto de glückwein. Mmm!

Es inevitable al ir a Bruselas no pasar delante del Manneken-Pis, tontería turística donde las haya (todo el que lo ve comenta que es super enano!) pero casi una mascota. Cada mes le ponen un disfraz diferente, y en diciembre 2007 tocaba el de amputado minusválido:

Manneken-Pis amputado

Otro símbolo de la ciudad (cuyo nombre originariamente significaba ‘La casita en la ciénaga’ más o menos, porque está edificada sobre un pantano) es el arcángel Micael. No exactamente el que poseía a Carlos Jesús, sino el Comandante de las legiones de Dios y uno de mis preferidos por lo cañero (y eso que no veía Caballeros del Zodíaco). En el escudo actual sale la silueta algo afeminada de Miguelito con minifalda alanceando a un simpático demonio; las representaciones antiguas son un punto más siniestras.

Columna en Sainte-Catherine

Esta estatua está en una columna en la explanada frente a Ste. Catherine, junto a la gran noria…

Escultura en edificio, siglo XX

Esta otra es la decoración del frontispicio de un edificio de principios del siglo XX . La expresión de Satán me recuerda a Silver Surfer, y el hecho de que te mire así de sereno da más yuyu que los demonios retorcidos que miran hacia arriba.

Gata ciclista, escultura

La presencia del comic está en todas partes; esta gata ciclista (sexy!) está a la salida de las Galeries Royales.

Dos días después de venir, leí en las noticias que el Ayuntamiento iba a subir las tasas de un montón de cosas, además del agua, la luz, los parkings… rebote general de los bruselenses. Me gusta, hace que Europa parezca más humana el saber que padecen los mismos problemas que aquí. A pesar de ser una ciudad cara (sigue siendo más cara que España aunque no demasiado) es ideal para irse de compras. Y los golosos del chocolate y la cerveza buena encontrarán un paraíso aquí (me río de Munich y sus cervezas). ¿Volveré? Seguro.

Hay más fotos de viaje de Bruselas y Holanda en mi galería. Entrad!