Al Primer Ministro japonés, Junichiro Koizumi, le gusta visitar templos, como a muchos japoneses. El problema está en que va al Templo Yasukuni, erigido en honor de muchos combatientes de guerra que ahora son considerados criminales (como Hideki Tojo, por ejemplo). Es como si a la canciller Menke le diera por visitar el monumento a Hitler en Berlín, o a Zapatero por ir al Valle de los Caídos.
(ahora que lo pienso, no hay ningún monumento a Hitler en Berlín. Pero el Valle de los Caídos sí que está).
La última vez que pillaron a Koichiro-sama en el Yasukuni ha sido en Octubre, y los chinos (masacrados por Japón en la ocupación de 1931, entre otras) no toleran estas muestras de afecto.
No sé qué pensar de esto: ¿Quién es más cerrado de los dos?



