Es un hecho que a nadie le huele mal su propia mierda, y nadie piensa que sus actos o ideas pueden ser intrínsecamente malos. Todas las grandes maldades comienzan con un deseo de justicia o simplemente de mejorar. Por eso, cuando te hagan algo desagradable y antes de tomar ninguna medida violenta, relaja tu mente y piensa: «¿Es acaso consciente este cabrón hijo de la gran puta de lo que hace? ¿Merece mi desdén o ser destruido?»
Más tarde, desde luego, debes hacer aquello que creas correcto.



