Atención viajeros del tiempo, inmortales y otras abominaciones: cuidado con dar pistas.
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Sí, el reloj es mecánico. No usa pilas, tiene una exactitud de -3 minutos por semana (el atraso de un Casio en un año) y además me ha llevado a redescubrir una palabra que no oía hace siglos: antimagnético. El pobre no es antimagnético: un imán potente o un OVNI lo dejan tieso momentáneamente. Pero hace tic-tac, ves la hora de un vistazo, y late en la muñeca como un gorrioncillo con su rueda de carga automática. ¡Qué le vamos a hacer! ¡Además, brilla en la oscuridad!
Resulta fascinante descubrir la cantidad de tecnología steampunk que hay en estas maquinitas de muñeca. Un muelle y un montón de engranajes montados a mano con sistemas de control de inercia, gravedad (para que dé la misma velocidad estando de canto que boca arriba, por ejemplo) frenos, el remontoir, el tourbillon, les complications… un mundo paralelo a los circuitos impresos que no acaba de morir. Por cierto, el reloj no es viejo, pero tiene un diseño de los años ’20 como homenaje a Antoine de Saint-Exupéry que era piloto en esos tiempos.
(Eso sí, ahora en verano me pongo el Casio que además de sumergible tiene la correa metálica. Las correas de cuero las disuelvo, literalmente).






Y no te olvides de las correas de plástico, que son lo peor para el verano… 🙁
Aajj! Verdad. Cada una tiene sus peros (las metálicas enganchan los pelitos de la muñeca)