Ahá! ¿A qué mola, el titular? sólo le falta la coletilla «… EN EL ESPACIO». Lástima que sea algo precipitado, el asunto.
Todo comenzó con el descubrimiento en las calizas de la Mongolia interior china (qué racha de posts sobre Mongolia) de Jeholopterus ningchengensis, un pequeño pterosaurio anurognátido del tamaño de un cuervo: en la tradición de los magníficos fósiles chinos, las placas de piedra conservaban perfectamente además de los delicados huesecillos del animal, las membranas alares y un revestimiento de pelusa o protoplumas considerable. El problema estaba en el cráneo, muy mal conservado, que no podía ser reconstruido.
Entonces, en 2003, llega la publicación de David Peters: The Chinese vampire and other overlooked pterosaur ptreasures. Peters, tras un cuidadoso análisis de detalles en el fósil -concretamente en una fotografía del fósil, ya que no tuvo acceso al ejemplar- nota la existencia de ciertas características morfológicas que podrían apuntar a un Jeholopterus parásito: garras articuladas capaces de engancharse fuertemente a un soporte vertical, dientes diferenciados con dos piezas más largas en la parte frontal del rostro -un rostro por cierto achatado en comparación a los «picos» avianos de los pterosaurios-, una mandíbula capaz de abrirse 90º, dos apéndices dotados de pompones peludos en los extremos… En esta nueva descripción del fósil, Jeholopterus volaría hasta posarse en los flancos de apatosaurios y otros grandes reptiles, donde se agarraba con las potentes garras articuladas de las cuatro extremidades. A continuación, asestaría un mordisco con la boca completamente abierta para alimentarse de la sangre que mane de la herida a lengüetazos. La cola serviría para espantar las moscas que eventualmente se acerquen a la herida.Es una hipótesis bonita y seguramente llene un hueco en nuestra comprensión de la ecología del Jurásico. Pero tiene algún problema. ¿Recordáis el Dilophosaurus de Parque Jurásico? El que escupía veneno. El planteamiento de Michael Crichton para esta idea era: los dilos son depredadores. Son pequeños y su mandíbula es frágil: no están preparados para ataques de fuerza. Así que pongamos que obtienen su presa de una forma más insidiosa, como las serpientes. No es mala idea, pero no se sustenta en nada: los dilos pudieron haber sido carroñeros oportunistas, o alimentarse de presas muy pequeñas.
Peters, por otra parte, ha publicado muchos documentos sobre paleontología de vertebrados, pero no tiene formación académica. Sí tiene un estudio de ilustración y publicidad, y es un aficionado entusiasta que ha ilustrado preciosos libros de dinosaurios y animales del pasado. Forma parte de la moderna tendencia que añade «texturas viables»: a diferencia de los antiguos dibujos de dinosaurios grises y verdes lisos, la aproximación actual es pintarle rayas de camuflaje, gorgueras de color para el apareamiento, cosas que seguramente tuvieron pero no se conservan en los fósiles. El peligro de estas reconstrucciones hiperrealistas es que el público crea que realmente eran así, cuando sólo está viendo una interpretación artística. Luego les muestras un Velociraptor, que es como un pavo grande con el morro fino de un cocodrilo, y parece que estás mintiendo.
Los especialistas no suelen apreciar que gente de fuera venga a sacudirle los esquemas, por ejemplo en el artículo de Chris Bennett Pterosaur Science or Pterosaur Fantasy? se cuestionan unos cuantos puntos de la investigación de Peters aparte del hecho de que no tenga formación. Por ejemplo, que basa sus análisis en fotografías de ejemplares, muchas veces únicas y de escasa resolución, en las que un rasgo de la piedra destacado por la iluminación de la pieza podría tomarse como una característica fisiológica del ejemplar.
También saca a colación otras sugerencias publicadas por Peters, como la insistencia en asignarles pompones en la cola y crines o láminas de piel dorsales a los pterosaurios, observar fenestras craneales donde no las hay, o interpretar depósitos minerales e incluso las propias marcas de instrumental que dejan los preparadores de fósiles como elementos anatómicos.
Vuelve a aparecer aquí el gran problema de las pareidolias, como cuando se descubren estructuras artificiales en la Luna o Marte o bichitos moviéndose en Venus; si tu trabajo consiste en hacer interesantes los fósiles y tienes que hincar los codos durante semanas delante de una placa de arenisca, acabarás viendo detalles interesantes. ¿Un diseñador gráfico escribiendo artículos de Paleontología? ¿Dónde vamos a parar?* Pero por otra parte, nada le quita el mérito a Peters y sus hipótesis ¡qué refrescante es para una ciencia que un amateur todavía tenga opinión! Seguro que en física cuántica esto no pasa.
David Peters Studio
Visto en io9.
* Oups! 😳




los dinosaurios exsisten los vampiros exsisten
la gente no cree por que es tonta y estupida pero yo creo que deberia haber una
cueba en la que cada espacie de todo lo que ay y por aber
vampiro dinosaurios etc… pero la creenci de la genete es mierda 😀