Un tema recurrente en este blog es demostrar que los humanos han desarrollado tantas variaciones sexuales (que algunos llamarían antinaturales, parafraseando al canciller Palpatine) debido a que su propia maquinaria reproductora es patética y sosa, comparada con otras. Así que, hablemos de «eso».
Esto que se ve a la izquierda es el pene de un puercoespín (Hystrix cristata, no confundir con el erizo común que es el que se puede observar comunmente espachurrado en las carreteras). En la parte superior (a) se ven dos colmillos como de vampiro: son unas espinas dérmicas endurecidas, similares a las pequeños ganchitos que cubren los penes de gatos y ratones (y la lengua del gato, también). Su utilidad es aún discutida, pero parece ser que al estar el miembro erecto dentro de la hembra, estas espinas salen hacia afuera ayudan a mantener la posición. Algo así como un gancho de abordaje: ¿Qué se puede esperar de un bicho que tiene la espalda llena de púas?




Desde luego el reino animal no para de sorprendernos…
Esto me recuerda terriblemente al anime de Wicked City… 😀