Juegos

playAquí estoy, mirando a mi gatita coja jugar con los peces. Le cuesta trabajo, ya que la pata que usa para mantener una posición bípeda es la misma con la que debe pescar (en el caso hipotético que pudiera traspasar el cristal mágicamente).

A menudo se asegura que los animales son incapaces de reconocer su reflejo y otras vanidades antropomórficas por el estilo. Mi cachorrita, igual que cualquier otra, es capaz de pasarse horas jugando con el reflejo del sol en el suelo; mirar absorta un salvapantallas o un telediario; y si cuando se hacen adultos dejan de hacerlo, creo que es por lo mismo que los humanos: una mal entendida dignidad. Pero no es por ahí por donde discurría hoy…

La gata ante la pecera. Peces que se mueven, aparentemente, muy cerca y fáciles de atrapar. Una forma cuasi-abstracta, transparente, rellena de algo transparente y cerrada por sus seis lados. ¿Qué parte de esa concepción espacial es incapaz de procesar la gata? ¿Puede concebir el objeto «pecera» de manera abstracta? ¿Cómo lo perciben estos ojos de gato de un mes de edad? Es muy posible que «pecera» esté fuera de su alcance intelectual de momento. Y, sin embargo, juega.

No se frustra ni un momento… es diferente a cuando intenta sacar comida de debajo de un plato y no llega. Se pasa horas jugando ante la pecera. Y ahí vamos, al juego de palabras: ¿y nosotros? Jamás podríamos vencer en un videojuego si la máquina no estuviera programada para contenerse y perder. No tenemos ni idea de los fenómenos físicos o lógicos que ocurren en esa caja que es el ordenador. Oh, vamos, sí: electrones discurriendo por una matriz y comandos lógicos… pero digo abarcarla totalmente, como abarcamos el concepto de una «pecera» y también su forma y porqué el agua no se derrama. Que no es en absoluto intuitivo.

Y seguimos jugando sin tener ni idea. Como la vida misma…