Siempre que se piensa en un fósil de dinosaurio, especialmente bípedos gráciles como Ornithomimus o Coelophysis, viene a la mente la imagen del esqueleto con el cuello fuertemente recurvado hacia atrás como un pollo muerto, así:
Y lo habitual era pensar que la pose -denominada opistotónica– era provocada por la contracción post-mortem de los tendones del cuello, o tal vez por la agonía del animal, teoría enunciada por Roy Moodie en 1918. El cuello arqueado, por cierto, no se limita a los dinosaurios bípedos sino que también ocurre con ejemplares masivos como Apatosaurus.
En un experimento reciente, Alicia Cutler y colegas de la Brigham Young University en Utah (USA) echaron pollos muertos desplumados -frescos y congelados- sobre una capa de arena durante tres meses para comprobar el efecto. No se arquearon, ni siquiera al desecarse los músculos de la zona cervical. Entonces experimentaron otros métodos, por ejemplo echarlos en agua: muchos fósiles provienen de sedimentos lacustres… los cuellos de los pollos se arquearon en segundos. Ulteriores análisis probaron también que la permanencia en agua no variaba demasiado el efecto inicial.
Ahora bien, un estudio de 2007 sobre perdices muertas en agua salada (Cynthia Marshall Faux – Museum of the Rockies, Bozeman, Montana, y Kevin Padian – UOC, Berkeley) no consiguió obtener estos efectos, por lo cual la idea de 1918 se mantuvo. ¿Puede el nivel de salinidad ser un factor tan importante? Queda por comprobar, pero es un giro interesante a una idea que ya se daba por asumida tras casi cien años.
Visto en NewScientist.





Pero los pollos, sufrieron muerte violenta? Fueron expuestos a meteoritos asesinos?
Fueron abducidos. Se dice que se les ha visto en una conocida tienda de pollos a l’ast. La verdad está ahí fuera.