Mis vehículos: Plymouth 1956, el coche maldito

Otro de los aparatos que me han transportado, y sigo en orden cronológico. Corre el año 1973, la Junta militar ha suspendido la República para asegurar la paz contra el enemigo oculto. La CNT (en la Wikipedia la llaman Trade Federation pero no tiene nada que ver con la Federación de Comercio) declara una huelga de quince días, pero todo alzamiento es aplastado. Todas las tardes, antes de los dibujos animados, sale en la tele una estúpida marcha militar y un pantallazo azul con el escudo nacional que dice: COMUNICADO – bla, bla, bla. Hasta ahí llegaba yo. Son tiempos difíciles, para algunos más que otros…

Papá decide comprarse un coche: al final es elegido un sedán Plymouth de 1956, un modelo veinte años más moderno que la Lechuga del abuelo. El coche estaba en buen estado, y era cómodo a pesar de ser un dos puertas: incluía avances tecnológicos como una radio con botones de selección, los cambios en el volante, y el arranque en la misma llave de contacto (no había que darle a un pulsador). No recuerdo el color original, pero fue repintado en azul metalizado y estaba realmente bonito.

Poco después, un fallo eléctrico hizo que el motor ardiera. Pudo apagarse a tiempo, pero hubo que volver a pintar el capó. El interior, de plástico y cuero sintético en tonos marfil, estaba intacto…

El Plymouth, escacharrado contra un árbol

Un tiempo más tarde, mis padres tuvieron un accidente y el Plymouth quedó destrozado más allá de todo arreglo. A mi padre le pusieron clavos en una pierna y mamá quedó con una cicatriz en la frente que supo camuflar discretamente durante muchos años. A los chicos de la clase nos cambiaron a la señorita y pusieron en su lugar una maestra enjuta e histérica que me hizo el curso imposible, además de provocar la primera sanción grave de conducta de mi breve vida y la única… por algunos años.

También dejaron de salir algunas revistas, y programas, y alguna gente que conocía dejé de verla -aunque, naturalmente, con seis años esto me importaba un comino. Otra gente que desconocía fue torturada y asesinada, y otros tuvieron que irse u ocultarse como pudieron… Sí, corrían malos tiempos para todos. Casi hubiera preferido que la culpa fuese de un coche poseído, pero iba a ser que no.

2 comentarios

  1. A mi siempre han molado ese tipo de coches americanos tan largos e impresionantes… Luego el precio del combustible me cambió los gustos rápidamente… 🙂

  2. Este no era tan grande; el Chevrolet del tío Víctor sí era inmenso (a esos modelos se les decía «colachatas» por los enormes alerones traseros). La rejilla cromada del parachoques era como un órgano de iglesia, y en el maletero cabía una cama de soltero.

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