La siguiente lista de objetos es seguramente la más antigua, la más original y más fácil de debatir: consiste en casos interesantísimos pero carentes de toda prueba, casi todos de finales del siglo XIX y principios de XX. Igual que las noticias sobre «serpientes de mar» eran un relleno válido para cantidad de periódicos locales, estas notas de prensa no sólo cumplían con el fin de llenar de tinta algunas páginas sino que daban ilusión en momentos de crisis o apatía. El principio de la manipulación de masas, arte que ahora sigue estando lejos de ser perfecto! Ahí nos quedan estos misteriosos testimonios.
El Pterodáctilo Viviente de Culmont
Según el Illustrated London News de 9/02/1856: unos obreros de Culmont (Francia) excavando un túnel de ferrocarril en unas formaciones rocosas liásicas partieron un enorme bloque para encontrar dentro un animal vivo:
«Esta criatura, que pertenece una la clase de animales considerados hasta ahora como extintos, tiene un cuello muy largo y una boca llena de dientes afilados. Se asienta sobre cuatro patas largas, unidas entre sí por dos membranas, sin duda destinadas a sostener al animal en el aire, y están armadas con cuatro garras largas y torcidas. Su forma general se asemeja al de un murciélago, sólo difierendo en su tamaño que es el de un ganso grande. Las alas membranosas miden de punta a punta tres metros, veintidós centímetros. Su color es negro pálido, la piel es desnuda, gruesa y aceitosa … Al llegar a la luz este monstruo dio algunos signos de vida agitando sus alas, pero poco después expiró lanzando un grito ronco. La extraña criatura -a la que se puede dar el nombre de un fósil viviente- se ha llevado a Gray, donde un naturalista muy versado en el estudio de la paleontología, de inmediato lo reconoció como perteneciente al género Pterodactylus anas.»
No hay, por supuesto, rastro de la matriz moldeada en la roca, ni del ejemplar conservado en formol. La fotografía es falsa y pertenece a otro caso posterior. Si estudiamos la descripción del bicho, vemos que corresponde a los únicos pterosaurios conocidos en la época: géneros Pterodactyus y Ramphorhynchus, hallados muy bien conservados en las canteras alemanas de Solnhöfen y popularizados por Sir Arthur Conan Doyle en El Mundo Perdido. Pero ahora sabemos que estos animales tenían una suave cubierta de pelusa, mientras que en 1850 el concepto era más bien una cruza de murciélago con sapo y gárgola.Por cierto, era lugar común la noticia de «sapos vivos incrustados en la roca» en aquellos tiempos… Tal vez el remate viene de un guiño del propio periodista: la especie Pterodactylus anas no existe, nunca ha sido catalogada. Anas es pato en griego, canard en francés – que en jerga popular también significa hoax, noticia falsa.
Conclusión: Cachondeo periodístico.
El Clavo de Kingoodie
En 1844 se informó a la Asociación Británica para el Avance de las Ciencias de un clavo que se había hallado firmemente empotrado en un bloque de arenisca de la Cantera Mylnefield (Kingoodie, Escocia). El clavo de hierro presentaba una fuerte oxidación y fue hallado aún embebido en la roca unos 25mm. La arenisca pertenece al Devónico, hace unos 400 millones de años. Todo esto fue bien documentado por Sir David Brewster, el científico y naturalista escocés inventor del caleidoscopio.
Bueno, aquí tenemos un ejemplo típico de noticia curiosa y creíble, dadas las fuentes. Pero el método científico no estaba muy implementado en 1840, y no nos ha quedado testimonio físico del clavo, ni fotos, ni dibujos. No sabemos por ejemplo la longitud total o cómo estaba empotrado; sin embargo parece bastante obvio que el clavo se había clavado en la roca mucho después de que se abriera la cantera. Existen varios casos más de clavos empotrados de esta época, sobre todo en periódicos ingleses y americanos.
Conclusión: Datación incorrecta.
El Martillo de London (Texas)
Una pareja de excursionistas paseaban en junio de 1936 por Red Creek (cerca de London, Texas) cuando se encontraron un nódulo de roca con un trozo de madera asomando de él. Diez años más tarde (!) el hijo de la pareja partió el nódulo descubriendo en su interior lo que parece ser la cabeza de hierro de un martillo en perfecto estado de conservación. El mango es de madera no fosilizada.
En 1983 el ejemplar fue adquirido para el Creation Evidence Museum de Texas, y sus propietarios le atribuyen una antigüedad de entre 300 a 500 millones de años.
Este ejemplo está -junto con la Copa de Wilburton- casi en la categoría siguiente de objetos, no por el hallazgo en sí sino por la orientación que se le ha querido dar. La primera anomalía que encontramos es que las rocas de Red Creek son del Cretácico inferior, hace 100 millones de años. Aun así, un objeto que quedase empotrado en roca y sometido a fosilización sustituiría toda su materia orgánica por minerales, y el mango es de madera fresca. No sabemos la constitución o antigüedad de las rocas que rodean la pieza, si es que son rocas y no barro compactado. Los análisis que podrían revelar algo (microscopia, espectrometría de masas y C14) no se han realizado por negarse el propietario: sólo una muestra del mango de madera pasó por el C14 y dio una antigüedad relativa entre 700 años y el presente. Ya sabemos que el carbono 14 no es muy fiable, pero si daba resultados negativos sí indicaría que la pieza en cuestión tiene más de 50.000 años.
En mi opinión, el análisis definitivo sería comprobar que la matriz es de roca sólida -con lo cual la pieza sería el primer fósil de un objeto artificial jamás encontrado- o de arcilla compactada y recocida por el sol en torno a una herramienta perdida por un minero tejano cien años atrás.
Conclusión: datación incorrecta.
El Vaso de Dorchester
En la primavera de 1852, durante una voladura en Meeting House Hill (Dorchester, Massachusetts) sobre unos conglomerados precámbricos, la exploración entre los escombros sacó a la luz dos piezas de metal que encajaban formando un vaso. La aleación parecía ser zinc o alpaca, y estaba decorado en toda su superficie con motivos florales. El hallazgo fue documentado en Scientific American (‘A Relic of a Bygone Age’, Junio 1852).
El caso del candelabro de Dorchester (que es lo que parece ser, más que un vaso) muestra lo fácil que entraban este tipo de noticias en el siglo XIX: a nadie se le ocurrió pensar que el objeto estaba allí antes de la explosión? Los sedimentos de conglomerado no suelen contener fósiles, ya que son destruidos en la compresión. Además, no es el tipo de artesanía que uno espera hallar hace mil millones de años, sino más bien a mediados del siglo XIX… oh, vaya, precisamente la época en que lo encontraron. Tristemente, en la actualidad se referencian aún estos casos citando la fuente lo cual los dota de una aparente credibilidad.
Conclusión: Datación incorrecta.
El Mortero de Table Mountain
En 1877,mientras se excavaba un túnel a través de grava en Table Mountain (California) una serie de objetos empezaron a aparecer entre los escombros a una profundidad de 450 metros de la boca del túnel. La descripción de estos objetos de piedra asemeja a manos de mortero y cuencos esféricos. Algunos años antes, asociado a materiales sedimentarios similares, se encontraron huesos humanos y de mastodonte. Los estratos de grava corresponden a una antigüedad de 33 a 55 millones de años.
Aquí se proponen dos soluciones realistas.La primera es que estos objetos son simulacra, objetos naturales que parecen manufacturados (hay muchos ejemplos de esto, sin ir más lejos el smiley marciano). Pero, dada la presencia de huesos de dos animales mucho más modernos, es más plausible pensar que los sedimentos habían sido perturbados siglos atrás -tal vez por un enterramiento?- y todos ellos tienen un origen mucho más reciente que el terreno que los rodea. En estratigrafía arqueológica, es muy importante determinar esto antes de datar cualquier objeto.
Conclusión: Datación incorrecta.
La Copa de Wilburton
Durante las obras de la Planta Eléctrica Municipal en Thomas (Oklahoma) en 1912, un trozo de carbón se partió revelando en su interior un pequeño vaso o pote de hierro, obviamente manufacturado. El carbón procede de sedimentos del Pennsylvaniense medio, hace 300 millones de años. La pieza se conserva en el Creation Evidence Museum, Glen Rose, Texas.
La verdad es que no se pueden sustentar argumentos científicos basados en la palabra de dos personas, y dos fueron los testigos del milagroso evento. El análisis del carbón circundante sería revelador, así como un examen detenido de la pieza de hierro: pero esto está fuera de discusión por parte del propietario actual. El cacharro es de hierro forjado y se parece mucho a las tazas de fundición que se usan, por ejemplo, para hacer balas. Descartando la opción de una broma, queda la posibilidad de que la taza se hubiese rodeado de sedimentos compactados -esto ocurre, con el carbón, en pocos años- que dieran la impresión al trabajador de ser un solo nódulo.
Conclusión: seguramente falso.
fuentes: Glen Kuban, Bad Archaeology, Magonia



