




Aquí se ve cómo se preparaba la tormenta mientras en el embalse del Portillo hacía un sol de justicia
Pasada la lluvia, seguí recorriendo las masas de agua que se acumulan por la zona: embalse del Portillo, de la Bolera, Negratín… es una zona árida y al mismo tiempo llena de agua dulce. Tan sólo en las cercanías de las sierras se cubre el suelo de pinares y vegetación importante. Uno de estos lugares es la Sierra del Pozo, al norte del embalse de la Bolera, donde está el arroyo Guazalamanco. Este arroyo presenta pozas de aguas cristalinas (verdosas) y unas «cascadas» que originalmente fueron una pequeña presa artificial pero que ahora, cubiertas de concreciones calizas y algas -lo que en un futuro será travertino- parecen naturales. No son espectaculares, son muy pequeñas, lo bonito es el paseo. [wpgmza id=»1″] Y la tormenta seguía su camino, y ahora con más fuerza. Parece ser que la barbaridad que se desató sobre la sierra hizo también mucho daño a los cultivos, entre otras cosas por la caída de granizo del tamaño de canicas, y la enorme cantidad de agua. Yo estuve bajo una ducha constante cerca de una hora, y luego en el coche al menos otra hora más antes de que se aclarara un poco. Días después los pantanos se habían llenado con un agua rojiza, cargada de taninos y sedimentos. Y las pozas del Guazalamanco pasaron de verde transparente a marrón opaco.…y aquí las cascadas como nunca se han visto!



