


El sueño de controlar la Fuerza percibiendo el continuo de la realidad mediante un simplísimo ajuste de la percepción -lo cual te permite ver y manipular cualquier elemento con la misma facilidad que mueves el dedo de un pie- es recurrente y molesto. Igual que el de volar, en el momento de despertarte aún recuerdas el truco, pero se desvanece antes de que puedas abrir los ojos. Prefiero una pesadilla de esas que te despiertas tembloroso y sudando, pero das gracias de estar vivo.




Es fácil: pliegas el espacio tiempo entre tu y el vaso lo justo para que el vaso caiga en el pozo gravitatorio de tu cuerpo. Lo hacen hasta los niños pequeños, ya sabes, los pádawan esos.
Qué va, era todavía más fácil. Era como… dibujos… sólo hacía falta ver. Es como el truco del lazo de los zapatos (que por cierto no aprendí hasta los doce años o así, usaba mocasines)