Agujeros

El año pasado, un enorme agujero redondo y de paredes lisas apareció en Ciudad Guatemala tragándose una fábrica textil de tres pisos. El pozo, de veinte metros de diámetro y treinta de profundidad, tenía un origen no natural.

La culpa parece que debe echarse al sistema de vertidos de la ciudad: el goteo continuo abrió verdaderas cavernas en el poroso subsuelo volcánico, las cuales se han ido ampliando con cada ciclo de lluvias hasta que el techo de la cueva -el suelo- se venció. La misma estructura geológica que los cenotes mayas, pero de creación más rápida.

Pero anoche, Inocenta Hernández -una señora de 65 años que estaba acostada- oyó un estruendo y salió a la calle a mirar, pensando que había reventado una bombona en alguna parte. Un vecino le dijo que el ruido procedía de su casa, así que fueron a inspeccionar y descubrieron un hoyo de 80 centímetros de diámetro y doce metros de profundidad debajo de la cama.

Sólo de pensar en ello ya pone los pelos de punta. Parece ser que la ciudad (con su subsuelo y su régimen de lluvias) es propensa a estos fenómenos singulares.