Una característica de la medicina tradicional china es que muchos de sus ingredientes se obtienen de especies raras y de formas poco convencionales. Huesos de tigre, cuerno de rinoceronte, son ejemplos de cómo un mercado superpoblado es capaz de llevar una especie a la extinción simplemente por la incapacidad de mantener una erección en condiciones. Generalmente y para empeorar las cosas, estos brebajes se basan simplemente en lo que Frazer denominaba magia simpática: considerar que un elemento que se parece (o corresponde) a la misma función en nuestro organismo mejorará sus funciones. Vamos, lo de se cría lo que se come. Alguna vez he propuesto dispersar el bulo de que el mejor afrodisíaco es -siguiendo esta teoría- las rodajas finas de testículo viviseccionado de chino. Esto lograría por una parte, evitar la masacre de otras especies, y por otra controlar la población propia. Lo de la vivisección en rodajas finas es puro sadismo personal, pero es que en lo que atañe a maltratar animalitos me sale la parte más oscura.
Por otra parte, esta gente es muy pragmática. Tanto, que me sorprende que aún no hayan contratado un laboratorio para que sintetice Cuerno de Tigre sintético o Pene de Narval liofilizado: legal, barato y con todos los efectos del original. Todos contentos, menos las mafias que se dedican a la caza furtiva -a las cuales les conviene reconvertirse, porque con el ritmo que llevan le quedan dos días de negocio. Así pues, la noticia que acaba de salir resulta cuando menos sorprendente.
Los osos negros chinos son la fuente de un ingrediente, Bilis de Oso, muy usado en medicina tradicional hace milenios: supuestamente alivia dolencias de garganta, musculares, hemorroides e incluso epilepsia. En Corea, China y Vietnam la captura y «ordeñe» en cautividad de estos animales es un problema ilegal pero extendido.
«Mientras el granjero y su esposa nos mostraban cómo preparaban la bilis, me alejé del grupo, me adentré en una habitación y bajé unas escaleras. Mientras mis ojos se acostumbraban a la oscuridad, parecía que comenzaba a vivir una historia de horror. Filas y filas de pequeñas jaulas con osos vivos, prisioneros, casi inmóviles (como supe luego, algunos más de 13 años cautivos allí). Como víctimas de una tortura medieval, los animales estaban enfermos, con heridas infectadas por los catéteres metálicos insertados en sus estómagos e hígados… «
Uno de los componentes de esta bilis es el ácido ursodesoxicólico (UDSC) al que se le atribuyen estas propiedades que mencionamos antes, nada que no cure un ibuprofeno pero cien veces más caro e ilegal, lo que hace babear de deseo a más de un inculto. Pues el UDSC también podría curar las arritmias fetales, que eventualmente pueden conducir a infartos y muerte prematura: el ácido tiene la propiedad de cambiar las propiedades eléctricas de los miofibroblastos (células enfermas provocadas generalmente por episodios de hipoxia fetal, que interfieren con el ritmo cardíaco normal) restaurando el funcionamiento normal del músculo cardíaco.
Por cierto, el UDSC se puede fabricar por otros medios.
A protective antiarrhythmic role of ursodeoxycholic acid in an in vitro rat model of the cholestatic fetal heart, en Wiley Online Library; visto en io9.



