De ratones y cera de orejas

Rata cabreadaLeo en  un artículo antiguo sobre un estudio aún más antiguo (1947) una de esas noticias irrelevantes, pero morbosamente asquerosas. Siempre he pensado que el humano es afín al perro en costumbres, como mirar fijamente la porquería u otras.

La noticia va de una investigación sobre las propiedades carcinogénicas de algunas secreciones corporales, como la cera de oídos o el smegma*. Estas sustancias, residuos epiteliales con un componente mayoritario de ácidos grasos, eran recolectadas de caballos muertos o dopados y untadas (o inyectadas bajo la piel) en ratones. 800 ratoncillos fueron sometidos a este tratamiento, la mitad con cada una de las sustancias, mientras otro grupo se mantenía como control.

Los resultados científicos, a veces, tienen un giro curioso. Los ratones untados desarrollaron una fracción más alta de cánceres, pero sin valor estadístico real. Sin embargo, al pasar el tiempo, resultó que los índices de supervivencia de este grupo eran bastante más elevados que el del grupo control. ¿Alguna idea?
El artículo completo, junto con una amplia sección de comentarios con más maravillosos temas como «¿Por qué se pegan tanto las mierdas al WC?» o «Yo limpio penes de caballos vivos» o también «Fui lamido por un grizzly«, aquí: en Pharyngula.

*el enlace es a Wikipedia en inglés; aún no aparece la definición en castellano. Es interesante la cantidad de nombres populares que tiene el producto  (ver apartado: Words for smegma)

3 comentarios

  1. Joer, es que son esas cosas que uno no necesita saber, pero que ya no se olvidan. Es como Goatse o el video ese del dálmata calzándose a una tía.

    No quiero vivir con esos recuerdos. Voy a llamar ahora mismo a los chicos de Memory Call, y que me hagan un arreglo.

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