¿Recordáis aquella campaña de hace un par de años sobre las supuestas cualidades antienvejecimiento y no sé qué más del vino tinto? Se basaba en los estudios hechos, entre otros, por el profesor Dipak Das (Universidad de Connecticut, USA) sobre el resveratrol, que es un componente de distintos alimentos incluido el tintorro. Las propiedades comprobadas por pruebas de laboratorio incluían efectos beneficiosos anticancerígenos, antiinflamatorios, antifibrótico, baja del azúcar en la sangre y otros beneficios cardiovasculares.
Pues al doctor Das le han abierto varios expedientes por falsificación documental: durante siete años había fabricado, falsificado y manipulado los datos, por lo cual la Oficina de Integridad de la Investigación en Estados Unidos ha puesto en marcha una investigación independiente de su trabajo, y la Universidad se negó a aceptar 890.000 dólares en subsidios federales otorgados a Das puesto que su revisión estaba en marcha, y ha congelado todas las otras fuentes de financiación externa para su laboratorio.
Es muy triste. Las presiones actuales sobre la financiación de investigaciones científicas lleva a cosas como esta, pero las consecuencias son dispares: por ejemplo, ahora mismo una búsqueda de «resveratrol» en internet dará como resultado cientos de páginas que venden suplementos alimentarios basados en las afirmaciones de este señor (productos que en su mayor parte no contienen nada: harían falta miles de cápsulas para tener la concentración de una sola copa de vino tinto. El resveratrol, más allá de la glucuronidación y sulfatación, se oxida en presencia de oxígeno durante el proceso de encapsulado).
Por otra parte, habrá quien se quede con el dato y cuando oiga hablar de los beneficios del vino piense solamente en la estafa puntual. El caso es que hay muchos otros estudios sobre este polifenol que realmente avalan los efectos beneficiosos, mayormente probados en ratones y cuya acción real sobre humanos está en estudio. Estas cosas llevan años y el compuesto, conocido desde 1940, no empezó a relacionarse con efectos antienvejecimiento hasta 2005.
Lo mismo pasa con las noticias espectaculares sobre física: «Se ha encontrado el bosón de Higgs». Luego «Que dice Higgs que no, que no es el suyo». «El laboratorio del Gran Sasso detecta neutrinos más rápidos que la luz» / «Los neutrinos más veloces que la luz, puestos en duda en el mismo CERN» / «Los neutrinos vuelven a ser más rápidos que la luz en un nuevo experimento«. Se nos lleva a un estado de descrédito que beneficia bien poco a los investigadores y sí a otros: en río revuelto, ganancia de pescadores.
Lo único que cabe decir como defensa es: la Ciencia es así. Si fuese un dogma cerrado no habría estas discusiones y vergüenzas, pero el edificio científico se reconstruye continuamente sobre sus fracasos. ¡Y últimamente las reformas son continuas! ¡Así no hay libro de texto o enciclopedia que aguante, menos mal que ya no uso de eso!
Visto en Medicamentoso y otros sitios.



