El unicelular más gordo

Uno de los primeros signos de vida en la Tierra, antes incluso de que los organismos crearan partes duras y fosilizables, son las pistas sobre la arena. El barro fino y la arena revelan marcas de cualquier cosa que haya paseado por encima por pequeña que sea; y las icnitas, o huellas fósiles, precámbricas eran para muchos científicos el único registro de vida anterior a la llamada explosión cámbrica -la súbita ramificación de la vida pluricelular en multitud de modelos, ocurrida hace unos 580 millones de años. Como razonaba el propio Darwin, la explosión debe ser causada por un defecto del registro fósil y estas marcas son los testimonios de los primeros multicelulares blandos y sin concha. Porque, claro, sólo un organismo multicelular grande puede dejar marcas sobre la arena. ¿O no?

Un equipo de investigadores de la Universidad de Texas acaba de pillar a un protista, un bicho unicelular del tamaño de una uva gorda, moviéndose por el fondo de las Bahamas y dejando marcas de medio metro en el fango. Gromia sphaerica, de tres centímetros de diámetro y una sola célula como las amebas e infusorios, ya se conocía en el Mar de Arabia; pero allí parece estarse quieta en el fondo. Esto es tan irrelevante como la inexplicable migración de esponjas, pero puede significar otra cosa: que realmente hubo una explosión cámbrica, que algo provocó la repentina diversificación de la vida en todas las formas que conocemos actualmente. Sobre qué pudo ser (Jehová sobre las aguas? El Monolito? El uso de oxígeno y un metabolismo más eficiente?) es otra cuestión.

La noticia en Discovery.