Cada vez hay menos características que se puedan definir como exclusivas de la inteligencia humana. Poco a poco han ido cayendo todos los tabús que limitaban a los científicos el estudiar o manifestar la existencia de procesos complejos en animales no necesariamente cercanos a nosotros: los pulpos usan herramientas, las abejas saben contar, los cuervos se transmiten conocimientos de una generación a otra… Normalmente los primeros hallazgos de estas funciones se relacionan con los primates superiores, por aquello de no dar pasos demasiado bruscos. Jane Goodall fue la primera en exponer el uso deliberado de herramientas por parte de chimpancés, y se lo discutían. Ahora sabemos que muchas criaturas fabrica extensiones de su cuerpo con palitos o ramas cuando les hace falta.
En la Universidad de Duke (USA) han demostrado experimentalmente que el «pensamiento ficticio» -la capacidad de especular acerca de futuros posibles, por ejemplo: «¿Y si echara la lotería por si me toca?»– existe entre los chimpancés. Los monos, debidamente cableados para analizar sus respuestas neuronales, fueron expuestos a este juego:hay ocho cartas boca abajo, escoges una. De premio, te puede tocar un vaso de zumo. Pero: luego daremos vuelta las otras siete cartas, mostrándote cuánto zumo te podría haber tocado en las otras.
Bueno, resumiendo, al poco rato los monos estaban frenéticos a la hora de decidir qué carta escoger. Es el tipo de subproceso que ralentiza un sistema operativo, diría yo: lo hace ineficaz, pero también fácil de engañar y esclavizar. El viejo truco del palo y la zanahoria. Lo tenemos nosotros, lo tienen los monos.
Visto en Zooillogix.




Si es que en esos ojillos que tienen los chimpances, se adivina mas inteligencia de la que se les atribuye…