La definición de la inteligencia siempre ha sido complicada: desde el colegio nos enseñaban que «sólo el ser humano posee inteligencia» y esto se demostraba por «su capacidad de resolver problemas, hablar, usar herramientas…» En estos últimos años se ha demostrado que muchos animales usan sistemas complejos de comunicación, saben contar hasta cierto punto, crean y manejan herramientas con previsión de uso futuro -otro concepto exclusivamente humano- y no sólo primates o delfines, sino también loros, cuervos, pulpos e incluso insectos.
La historia del moho que resuelve laberintos es otro cantar. Es el Physarium polycephalum, una baba viscosa que hace diez años fue estudiada en la Universidad de Sapporo por su capacidad para arrastrarse a través de un laberinto y alcanzar el fertilizante que había en el otro extremo (los mohos viscosos son colonias de organismos unicelulares que se comportan como un solo individuo; pueden crecer, como las plantas, o moverse contrayendo y relajando su masa). El comportamiento de este moco llevaba a especular sobre algún modo de inteligencia rudimentaria; personalmente esto me parece casi como buscar «inteligencia» en la evolución o en una pelotita que cae hasta encontrar su menor estado de energía potencial gravitatoria. Siempre he pensado que si hay una Inteligencia detrás de esto tiene muy mala uva, porque cuando pierdo algo resulta que está en el último sitio en que busco*.
Bueno, ahora la inteligencia ha rebajado nuevamente su nivel al conseguir una gota de aceite escapar de un laberinto por sus propios medios…
El laberinto es de plástico y está lleno de hidróxido de potasio, una solución fuertemente alcalina. En la celda de «recompensa» hay un gel empapado en ácido clorhídrico. La gota de aceite contiene ácido hexildecanoico, que al entrar en contacto con el álcali desprende iones hidrógeno en un proceso llamado desprotonización. Como el pH es ligeramente más ácido en dirección a la «recompensa» clorhídrica, la gotita pierda más iones por detrás que por delante y es empujada en dirección a la solución del problema (nunca mejor dicho, lo de solución). No hay mente: sólo un acto químico.
Los científicos no buscaban crear un monstruo, sino un mecanismo para liberar medicinas para el cáncer, que es algo más ácido que los tejidos circundantes; pero esto lleva nuevamente a cuestionar qué podemos interpretar como inteligencia y qué es un reflejo del observador.
Visto en New Scientist.
*Obviamente luego no sigo buscando (ya lo encontré!) pero eso no quita que el bucle lógico tenga mala uva. Este es el tipo de payasadas intelectuales que hacían los filósofos griegos para no trabajar.



