Hombres-mono soviéticos!

Hace poco comentamos el maligno (supuesto) plan de Stalin para aterrorizar a los norteamericanos con falsos extraterrestres. Si bien ese complot está aún por demostrar, lo cierto es que los soviets no se quedan muy a la zaga de los nazis en cuanto a planes novelescos para conquistar el mundo. Esta es la historia de Ilya Ivanov, sus éxitos científicos, y la maligna trama que no pudo ser.

Ilya Ivanovich Ivanov no es un personaje oscuro: como científico tuvo su reputación y a principios del siglo XX fue uno de los pioneros en el campo de la inseminación artificial, consiguiendo mediante hibridación controlada no sólo mejorar los pura sangre del Zar, sino también algunos curiosos experimentos como fueron el cebrurro o burrebra (o como se llame una cruza de burro y cebra) y cruces viables de bisonte+vaca, antílope+vaca, cobaya+conejo, rata+ratón… en fin, el hombre no paraba de investigar.

En aquellos tiempos tanto la Genética como la teoría de la evolución estaban en pañales, y se sabe que en el Congreso de Zoología de Graz (Austria) de 1910, Ivanov planteó la posibilidad teórica de obtener un cruce de hombre y simio. Pasaron los años, una Gran Guerra en Europa y una revolución en la vieja Rusia…En 1924 nuestro doctor pidió permiso a los franceses para capturar algunos chimpancés en los territorios del África Occidental francesa, hoy Guinea; permiso que le fue concedido con el beneplácito del Instituto Pasteur, vistos sus éxitos anteriores. Tuvo que ir a Guinea dos veces, porque no encontró chimpancés maduros sexualmente; mientras pasaba el tiempo en París conoció a Serge Voronoff (foto derecha), un cirujano que en aquellos tiempos había alcanzado cierta celebridad con sus terapias de rejuvenecimiento. Voronoff cortaba lonchas finas de testículo de mono y las injertaba a pacientes humanos decrépitos y millonarios, con gran éxito (para él). Hay que reconocer que creía en su técnica, y llegó a experimentar consigo mismo con xenotransplantes. Entre ambos surgió la idea de extraer un óvulo humano, implantárselo a una chimpancé llamada Nora y fertilizarlo con esperma humano.

Estos experimentos no tuvieron éxito y las dificultades que tuvo para realizarlos le hicieron dirigir sus esfuerzos de vuelta a la Madre Rusia, donde montaría un laboratorio en Abjasia con los chimpancés recogidos en la segunda expedición guineana. Y aquí tenemos participando al gobierno bolchevique. Pronto encontró mujeres voluntarias para ser inseminadas y un nuevo surtido de monos, porque de los 20 chimpancés sólo cuatro habían sobrevivido.

Recordemos que la ideología comunista de aquella época se basaba, al igual que los nazis, en un racionalismo radical. Mientras que los alemanes escondían sus prácticas ocultistas y sobrenaturales, los rusos eran totalmente prácticos y tendían al ateísmo activo: desacreditar la iglesia equivaldría a quitarle una pata al monstruo capitalista, por así decirlo. Sin embargo, la ciencia de aquellos tiempos no carecía de fantasía: otro día hablaremos del infame Lysenko, pero las teorías estúpidas florecían en todos los ámbitos científicos del globo.

Una de estas teorías, muy popular, era la eugenesia: la mejora controlada de la especie mediante descarte de los elementos defectuosos y estimulación de los mejores. Básicamente, tomar el control de la evolución humana.

El tema de la eugenesia es delicado y aún está vivo: la teoría de descartar defectos hereditarios es buena (por ejemplo, los tests para prevenir el Síndrome de Down que se realizan rutinariamente) pero los límites éticos son difíciles de definir. ¿Qué es un defecto? En los años ’20 de Ivanov, se castraba químicamente a los retrasados en unos cuantos países civilizados, pero también a los homosexuales y a cualquiera que no cuadrara con la etiqueta de normal. Por otra parte, la evolución no sigue un camino lógico, y lo que descartemos hoy puede ser la salvación de la especie en el futuro. Simplemente nos falta conocimiento para podar el árbol humano, o cualquier otro. Pero eso lo sabemos ahora; en los felices ’20 -antes de Hitler- parecía que ya teníamos el control de todo.

La propuesta por los dirigentes soviéticos era eugenesia positiva, y más o menos se trataba de lo siguiente: la creación del Ciudadano Socialista perfecto, carente de tendencias primitivas e indeseables como el egoísmo, la competitividad o la avaricia; dotado de una capacidad perfecta para integrarse y trabajar comunalmente, fuerte, resistente para el trabajo: «un nuevo ser humano invencible, insensible al dolor, resistente e indiferente a la calidad de la comida» en palabras del propio Stalin. Aquí calzaba Ivanov perfectamente: si sus experimentos tenían éxito, no sólo estaría respaldando claramente la teoría de la evolución, sino que sería la llave para crear la utopía perfecta soñada por los dirigentes de Moscú en cuestión de una o dos generaciones. Así pues, tenemos a nuestro doctor apadrinado por el Estado, que le proveía de rublos, monos y voluntarias para engendrar al Ciudadano del Futuro.

Las pruebas, sin embargo, no progresaban: la población de chimpancés no se aclimataba a la granja de Abjasia y pronto no quedó más que Tarzán, un orangután de 26 años que murió al poco tiempo de una hemorragia cerebral (¿el esfuerzo?). Hacia 1930 los planes contemplaban traer monos desde Cuba*, pero una de las purgas de aquellos tiempos (¿he mencionado antes al tovarich Lysenko?) incluyó al desventurado Ivanov, que fue deportado a Kazajistán y murió sin conocer el éxito.

Ahora sabemos mucho más sobre el tema: sabemos que compartimos con los grandes monos gran parte del genoma, que la evolución del hombre ha sido ligeramente diferente a lo que se pensaba en aquellos tiempos (caray, y hace diez años) y que tal vez un programa de hibridación avanzado -con métodos menos carnales- tendría resultados positivos. La cuestión es que ya no nos interesa. ¡Pobre Ivanov!

Un artículo sobre el tema en New Scientist, pero en el propio enlace de la Wikipedia y en múltiples fuentes se puede cotejar la información.

El dibujo es de Adam Koford (a) ApeLad

*La Cuba de Machado, faltaba mucho para Castro. Pero no me consta qué tipo de monos, a no ser que hubiera un criadero de primates allí.