Humano

El análisis reciente del genoma humano ha permitido extraer algunos datos inesperados: aparte de los poquitos genes (unos 20.000, se esperaban sobre los 100.000) resulta que el material genético perteneciente a virus -que se cuelan en nuestro genoma- ronda el 9%. Asimismo, unos trozos de código extraños denominados retrotransposones (fragmentos de ADN cuyo único fin aparente parece ser replicarse a sí mismos dentro del núcleo de nuestras células) constituye un 34%.

Ya sabíamos que una parte de la masa corporal humana corresponde a bacterias y otros simbiontes (sólo flora intestinal: 1.2kg.) y que, en cifras, el 90% de las células que hay en nuestro cuerpo corresponden a otros: flora intestinal, patógenos, piojos… pero claro, esto es mera estadística. Aún hay gente que cree en aquello de «los humanos normales sólo usan el 10% de su cerebro» que se basa en una confusión entre tamaño y capacidad de proceso (más o menos, aquí lo explican con más detalle) y en este caso, cabría decir: vale, la mitad de mi acervo genético es no-humano; pero es mío! Y seguramente lo usamos! Hay una simbiosis genética, poco estudiada aún, entre esos trozos de código y nosotros. Igual que algunos corpúsculos celulares (por ejemplo las mitocondrias, que ahora se suponen antiguos organismos absorbidos por las células con núcleo, o los propios núcleos) estos virusillos se han aliado a nosotros.

De hecho este 43% exógeno son las cicatrices de las epidemias que ha sufrido nuestra especie: fragmentos de virus que han podido integrarse a nuestro ADN (los retrovirus como el SIDA son expertos en esto) y cuyos códigos se añaden al nuestro con modificaciones que podrían resultar potencialmente beneficiosas. Por ejemplo, un gen que codifica una proteína necesaria para la placenta humana – el syncytin-1- se expresa comandado por dos trozos de código vírico. La evolución lógica: de parásito a aliado.

visto en New Scientist y algún sitio más