Justificación

Todos sabemos que Internet -uno de los mayores logros científico-intelectuales de la Humanidad- está motorizada por el porno, y los psicólogos freudianos nos comen la oreja con aquello de Eros y Tánatos; pero el siguiente artículo va más en mi línea. Un artículo de Scientific American escrito por Jesse Bering (alias «el estrecho») dedica su atención al comportamiento masturbatorio entre los Homo sapiens, especulando sobre la posibilidad de que el desarrollo intelectual específicamente creativo haya, no aparecido, sino superdesarrollado entre nosotros precisamente por las fantasías sexuales que nos montamos. La imaginación originada por… bueno.

No me convencen mucho algunos de los planteamientos del artículo, porque parten de la premisa de que los humanos son los únicos animales que se masturban hasta la eyaculación. Generalmente los razonamientos de «el hombre es el único animal que…» se vienen abajo con un poco de observación: de hecho muchos, muchos animales se masturban. Aunque claro, siempre nos quedará la duda de si piensan en algo o lo hacen mecánicamente. En cuanto a esa mecanicidad, se citan varias especies de primates que juegan con sus genitales por el estímulo momentáneo, pero sin la premeditación que implica llegar al orgasmo.

Pero hay un apartado que sí llama la atención: en unas pruebas prácticas con universitarios (varones, toda esta prueba va de masturbación masculina, lo siento chicas) resulta que el tiempo promedio entre paja y paja es de 72 horas. La viabilidad del esperma desde que se produce y es alojado en los conductos seminíferos es poco más o menos el doble. Esto le daría un sentido evolutivo a la práctica onanista: mantener el semen portador de tus genes en un estado de frescura hace que la reproducción tenga más posibilidades de éxito. La Naturaleza no da puntada sin hilo.