Las Montañas de la Locura

Cuando H.P.Lovecraft escribió At the Mountains of Madness en 1931, la investigación del polo antártico estaba en pañales. Las expediciones de Amundsen y Shackleton apenas habían rozado las profundidades del continente helado, así que el escritor no se cortó y describió una cordillera de montañas elevadísimas cerca del Polo Sur, en la que se alzaba una ciudad que había persistido mil millones de años -prácticamente desde el origen de la vida en la Tierra- hasta que el enfriamiento de los polos provocara su abandono.

Bueno, era una novela corta de pulp-fiction y el pobre tardó cinco años en que una revista de cuentos cortos se la publicara.

Pasamos al Año Geofísico Internacional, 1957-58, en que se realizaron muchas exploraciones. La III Expedición Soviética Antártica descubrió, bajo cuatro kilómetros de hielo glaciar, el macizo montañoso Gamburtsev: una cadena de montañas de casi tres mil metros de altura. Esto ya fue sorprendente, porque el concepto de aquella época era el de un Polo Sur más bien llano y sin accidentes distintivos. No se podía acceder a muestras de roca a tal profundidad, así que el misterio era: ¿qué antigüedad tiene esa formación geológica, y cómo ha quedado sepultada bajo el hielo?

Otra curiosidad es que, por la propia tectónica de placas, las cordilleras suelen encontrarse en el borde de los continentes y no en su centro. La extraña configuración continental que diera origen a las montañas polares tenía que diferir en mucho de la Tierra que ahora conocemos.

Las investigaciones más recientes, que contemplan análisis y registro de campos magnéticos, gravitatorios y lecturas por radar para atravesar la capa de hielo, han dado unos resultados sorprendentes: el núcleo rocoso debajo del macizo Gamburtsev (la «raíz» de las montañas por así decirlo) es extremadamente profunda y antigua. Las montañas antárticas se remontan a la época de formación del segundo supercontinente terrestre, Rodinia, hace mil millones de años. La colisión de las placas tectónicas elevó estas colosales cordilleras a una altura de la cual los restos actuales son sólo parte, tras mil millones de años de erosión.

Bueno, tal vez no tanto. En una época hace 250 a 100 millones de años, otro empuje volvió a elevar las montañas ya gastadas a la altura que ahora tienen; y hace 34-35 millones de años, la Antártida comenzó a quedar sepultada bajo los glaciares: en un tiempo en que los ancestros del hombre eran poco más que insectívoros con aspecto de rata, esos picos, valles y cañadas vieron la luz del sol por última vez.

Las futuras exploraciones tienen como objetivo la recogida de muestras minerales y de hielo antiguo (actualmente la muestra más antigua que se ha recogido tiene 800.000 años) que podrían verificar las teorías de que disponemos. Junto con las proyectadas expediciones al lago Vostok, son tal vez de los proyectos más ilusionantes de investigación del pasado remoto.

Visto en BBC News.