Monos!

Alguien dijo una vez que el conocimiento era como una esfera: a medida que crece en volumen, abarcando nuevas cosas, la superficie de contacto con lo desconocido se hace aún mayor.
Hace un par de posts recordábamos a Lovecraft y cómo algunas de sus fantasías aparecían de manera extraña en nuestra realidad actual, más amplia que en los años ’30. Pero aparte de los moluscos de Cthulhu, había más cosas.

Chimpancé de Bili ©Karl AmmannUn relato breve, Arthur Jermyn, nos habla de una raza (sic) de simios blancos que habita en las profundidades de la jungla africana, entre ruinas extrañas y olvidadas. Estos simios aparecen descritos como una especie de primates semi-humanos, y sin duda la idea está inspirada en la raza de los mangani descrita por E.R. Burroughs en su saga de Tarzán; que son precisamente los seres (no chimpancés, no gorilas) que adoptan al huérfano Lord Greystoke. Estos simios también conocían lugares desconocidos para los tarmangani (hombres blancos) como Pal-ul-don, Opar y Pellucidar. La obsesión de principios del siglo XX con ruinas desconocidas en África sin duda se debían a los espectaculares hallazgos de Zimbabwe.

El año pasado se tuvo noticia del avistamiento de un raro tipo de simio en el bosque tropical de Bili (Congo, a unos 200km. del río Ebola). Estos primates eran como un cruce de chimpancé con gorila: ante la posibilidad de descubrir una nueva especie, las investigaciones siguieron. Pero no es fácil encontrar una tribu escurridiza en la jungla, y de momento se le ha clasificado como una subespecie de chimpancé: Pan troglodytes schweinfurthii.

Los simios de Bili, si nos ceñimos a los datos confrontados, son chimpancés enormes cuyo comportamiento se acerca más al de los gorilas, pero son menos temerosos, incluyen carne en su dieta y aparentemente se presentan en dos subtipos; uno de los cuales es más grande y oscuro, llamado «mata-leones» por los nativos. Ha quien comenta que, en nuestro primate-centrismo, no dudamos en clasificar una nueva especie de mosca porque la tercera nerviación de su ala es diferente a otra ya conocida; pero damos muchas vueltas antes de admitir a otro pariente en la familia cercana.

Los científicos que han estudiado estos animales les encuentran un curioso parecido a los «gorilas asesinos» que aparecen en Congo, la novela y película de Michael Crichton; esto incluye el color grisáceo del pelaje de los adultos. Que por cierto, también guardaban una ciudad perdida… algún día volveremos sobre esto, pero acabo de descubrir que Irem, la de los Mil Pilares -ciudad perdida en Arabia donde Abdul Alhazred empezó a concebir su Necronomicon– existió, y tuvo un final de lo más extraño.

Nota: Me apuntan que el título del post debería ser «simios» y no «monos». Pero vamos, son pulgosos, molestos y cogen cosas con los pies; unos freaks de la Naturaleza! Da igual unos que otros! 😛

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