Un equipo del Instituto para la Agricultura y Recursos Naturales de la Universidad de Nebraska (USA) ha conseguido elaborar termoplásticos derivados de las plumas de pollos. Esto se había intentado antes, pero con la nueva técnica el material es estable en agua y tiene buenas propiedades mecánicas.
Uno de los problemas secundarios pero no menos graves de la escasez de crudo es el siguiente: aparte de combustible, la mayoría de los plásticos que usamos actualmente proceden del petróleo. Hay alternativas para los combustibles fósiles, pero ¿y para la industria del plástico? Si quitamos del mundo moderno todo aquello fabricado con estos materiales -aislantes para cables, carcasas, soportes, envolturas, precintos, etc- volveríamos al siglo XIX.
Bien es cierto que hay plásticos de origen diferente al petróleo: la baquelita fue uno de los primeros conocidos, muy dura y quebradiza; el celuloide; o la paracaseína, obtenido de la leche. Pero los modernos termoplásticos requeridos por la industria proceden, en su mayoría, de los derivados del petróleo descubiertos entre los años ’30 y ’50 del siglo pasado. Ahora que la necesidad aprieta, se buscan otras alternativas: los bioplásticos obtenidos a partir de derivados vegetales ya están aquí, por ejemplo en las nuevas bolsas de los supermercados (sí, esas que nos cobran y encima se rompen enseguida). Estos plásticos son biodegradables y se descomponen con el tiempo, a diferencia de los polímeros de cadena larga derivados del petróleo que resisten mucho más la actividad bacteriana.
La nueva variedad de plástico -derivada de la queratina que compone las plumas- es más resistente que sus equivalentes obtenidos del almidón o la soja, y podría además arreglar otro problema ecológico: la enorme cantidad de plumas derivadas de los mataderos de aves. Cada pollo deja como residuo poco más de un kilo de plumas, que acaban incinerándose o como relleno en vertederos. En USA esto equivale a un millón y medio de toneladas de plumas al año.



