El PETA, la asociación internacional para el tratamiento ético de los animales, acaba de sacar un concurso en el cual se premiará con un millón de dólares a aquella persona que desarrolle un sustituto alimenticio con el mismo sabor, textura y aspecto de la carne de pollo, y su mismo coste de producción (se considera al pollo como la más barata de las carnes).
Los sucedáneos siempre han sido bastante asquerosos, pero en este caso se unen varios factores que hacen interesante la idea. Primero, el coste de producción, que bajaría drásticamente (en teoría) al criar «carne in vitro». Por otra parte, las consideraciones éticas (no más mataderos) (por supuesto, todas las especies de granja serían objeto de extinción en pocas generaciones). Y aparte, una que me vino a la cabeza casi al momento, pensando en la gran cantidad de recientes enfermedades emergentes relacionadas con el consumo de proteína animal: «bueno, nos han dado dos millones de años de plazo para aprender a comer sin matar». Ya va siendo hora.
El problema, al menos con mi ética particular, es que es igual de cruel extinguir una vida animal que vegetal: comer fruta no es problema -son los genitales maduros de una planta- pero un plato de lentejas son cientos de embriones de plantitas que son cocidas vivas para alimentarte durante medio día. Si puedes vivir con eso, puedes soportar que un cerdo muera para alimentarte un mes. La verdad, puedo soportarlo; pero me gustaría que no fuera así.
La solución de sintetizar proteínas es un poco chusca, de todas maneras: Siempre tendríamos un moco amorfo y de sabor extraño. Para hacer una pechuguita o un muslo, hace falta una estructura de fibras musculares activa y en movimiento; con un sistema circulatorio que alimente todas esas células y recoja sus detritus. También hará falta un sistema inmune, si no queremos comer filet à la pantomicine todos los días; de hecho, yo no buscaría hacer carne sintética, sino clones de partes de pollo mantenidas y ejercitadas in vitro. Tal vez desarrollándolas a tamaños gigantescos: imaginemos una enorme sala estéril, llena de cubas en las que muslos del tamaño de tiranosaurios se agitan en un espeso caldo al compás de estímulos eléctricos, todo ello controlado por ordenadores -la mente de una gallina sustituida por un programa, insensible al dolor, inmortal ya que cada una de sus piezas se regenera según consumo-. Ya no hay sufrimiento ni muerte. ¿Verdad que es chulo? Al menos hasta que tengamos los replicadores del Enterprise…
La noticia, tomada con escepticismo en Short Sharp Science.




Eso de la comida artificial da muy mal rollo…
Yo esas cosas siempre me la imagino como pastillas de sabores con el aporte de una comida completa…
Eso de comer en un minuto debería estar prohibido… xD
Sería como… un POLLO MALIGNO?
¿A qué vamos a llegar? Aún así no creo que llegue al nivel del surimi.
Pues los palitos de cangrejo que sueles comprar congelados tienen algo de surimi… xDDD
Son surimi. Pero eso es una mezcla de carne picada de pescado con algún amalgamante y sabor artificial, no vale como carne sintética… aunque desde una ética crustácea es aceptable!
Yo como soy de la escuela deglutinadora que solo busca el sabor, y no de lo que estén hechos los ingredientes, esos problemas éticos no los tengo… 🙂