Tópicos

Todos los oficios tienen sus truquillos para trabajar menos; el de guionista no tiene por qué ser menos. Hace poco leía acerca de cómo Glen A. Larson (el creador del Equipo A, El Coche Fantástico y otras muchas series de los ’80) había planeado la segunda temporada de Galáctica en un formato totalmente diferente, pero la racanería de los estudios Universal y la opresiva censura infantil de la era Reagan la acabaron convirtiendo en un bodrio infumable, lleno de lugares comunes, moralinas y niños (ajj) que no duró demasiado. Afortunadamente*.

Lo lamentable del asunto es cuando uno de estos tópicos de uso justificable aunque dudosa moral se convierte en figura común. Un ejemplo: la estudiantina de secundaria americana. Es fácil recrear el ambiente incluso no habiendo estado jamás en un colegio USA: las taquillas, el comedor, el nerd de gafas pegadas con esparadrapo, la fea con corrector dental. OK. Docenas y docenas de series se basan en este escenario ya pulido, que apenas exige trabajo. Pero señores, como decía Felipe (el de Mafalda): –Realismo! A la secundaria se va entre los doce y los diecisiete años, más o menos. Hacer series con personajes reales profundamente sumergidos en la treintena (Smallville por ejemplo) da grima. Por otra parte, poner a críos de ocho años en bailes de fin de curso con smoking también resulta perverso (The Fairly Odd Parents).

El colmo de este ejemplo es cuando empieza uno a ver colegios yanquis en series francesas o catalanas, que ignoran su rico fondo de mitología popular (Le Petit Nicolas de Sempé/Goscinny, Bon Dieu! O para ir más lejos aún: Juvenalia, de Miguel Cané, una novela que me conmovió en la infancia y aún recuerdo… y es de 1884) para apuntarse al carro facilón de la moda. Lo último ha sido este fin de semana, en que he visto unos dibujos con moscas en el instituto. ¿Se puede caer más bajo?

Este tema viene al pelo para recordar a Kim Possible, una serie tópica poco común que históricamente ha roto la sempiterna Maldición de los 65 Episodios de la casa Disney, con una cuarta temporada. A primera vista parece una tontería; pero el triunfo de Schooley y McCorkle en conseguir que una serie dada de relleno (les dijeron que pensaran algo para sustituir Buzz Lightyear, que cumplía 65) sea capaz de remover los cimientos del Imperio para cambiar un dogma básico del tito Walt, tiene mérito. Ah, y el primer episodio empieza donde terminaba el último: un baile de fin de curso en una escuela secundaria.

Kimpo premiere!

* El que sepa decirme qué película he parafraseado se lleva un premio por freakie.

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