Un hongo podría echar una mano con el problema del hambre en el mundo

Eurotium rubrum, un hongo halófilo, podría tener en sus genes la clave para cultivar con agua de mar y alimentar así a mucha más gente.

Mar MuertoCuando hace unos años estuve de visita en el Mar Muerto, pude constatar que ese enorme depósito de agua situado en el desierto entre Jordania e Israel está efectivamente muerto. Sus aguas son cristalinas, de un verde azulado resaltado por los fondos de sal blanca, y de aspecto engañosamente refrescante: pero si tienes un corte, te has afeitado o te salta una gota en un ojo, descubres que esa sustancia es en realidad una disolución de sales minerales* tan picante y tóxica que a ningún ser vivo se le ocurriría acercarse a probar, exceptuando turistas y moscas. Hay muchas moscas (también las he visto a orillas del Mono Lake en California, otra masa de agua hipersalina; supongo que a ellas les gusta) pero el agua está exenta de cualquier forma de vida animal o vegetal, es como una piscina.

Eurotium rubrumEn realidad hay un pequeño crustáceo, Artemia, muy popular en los ’70 -son los famosos Sea Monkeys que venían en un sobrecito- que pulula por allí, y también un hongo filamentoso que se pega a los fondos, Eurotium rubrum, que es el que nos ocupa. Eurotium habita todos los fondos del Mar Muerto desde la orilla hasta las profundidades máximas (300 metros) sin ningún problema para vivir en un entorno hipersalino, pero es que otros parientes de su género ya tienen facilidad para vivir en lugares difíciles. Normalmente se pueden encontrar en el polvo de las casas y en los colchones, y su comida preferida es el pan seco y duro. Un secreto: Eurotium es la fase perfecta o sexual (o teleomorfo) del género Aspergillum. ¿Os suena? Este es uno de los mohos a los que se achaca la maldición de los faraones.

Bueno, el caso es  que se ha estado estudiando su genoma y al parecer se han identificado los genes que codifican los transportadores de iones y controlan la tensión osmótica a nivel celular , lo que se ha publicado esta semana en Nature. Estas adaptaciones -resultado de millones de años de evolución en entornos áridos- podrían ser decodificadas y adaptadas a otros seres vivos. El hallazgo de microalgas viviendo en el Salar Grande del desierto de Atacama (Chile) por parte de un equipo del CSIC -la primera vez que se identifica un organismo eucariota, complejo y con capacidad para la fotosíntesis, en ese entorno hostil- podría añadir más especies resistentes merecedoras de estudio. Imaginemos cultivos de maíz, soja o patatas hibridados con genes que las hagan resistentes al agua salada: cultivos transgénicos irrigables con agua de mar. ¿Cuántos territorios podrían volverse de nuevo habitables o capaces de sostener una población hambrienta?

Genomic adaptations of the halophilic Dead Sea filamentous fungus Eurotium rubrum, en Nature

* que no es exactamente agua muy salada: contiene calciomagnesiopotasio y bromo y es relativamente pobre en sodiosulfatos y carbonatos, una composición significativamente diferente de la del agua de mar