Arthur Du Mosch, un guía de naturaleza de Israel, descansaba en su cama. Con él dormían su gato y su hija pequeña, que había venido a su cama porque un mosquito que rondaba la suya le había asustado. Habría que ver qué pasó por la mente de la niña cuando una sombra asomó por la ventana y saltó a la cama: un leopardo.
El animal, posiblemente un ejemplar extraviado del desierto del Negev, se habría colado al ver al gato (estos felinos no suelen atacar al hombre, sino presas pequeñas como perros o gatos domésticos). Tan débil estaba que el hombre, con cierta experiencia en la vida salvaje, pudo inmovilizarlo con una manta y retenerlo hasta que los agentes de Protección de Parques vinieron a llevárselo.




No se que peor, si levantarse con un leopardo en la capa o una cabeza de caballo… xDDD