Un supermicrobio se está comiendo al Titanic

Hace tiempo que sabemos -vía Robert Ballard– dónde está el pecio del Titanic, partido en dos en el fondo del Atlántico norte. Luego supimos que el eterno monumento a la soberbia tecnológica humana no iba a ser tan eterno: se lo estaba comiendo el óxido a una velocidad vertiginosa.

Posteriores inmersiones no han hecho más que confirmar el diagnóstico, añadiendo un dato curioso: la colonia de extremófilos (más de 27 especies diferentes de bacterias, más algunas algas y hongos) que está consumiendo el hierro del naufragio forma un superorganismo simbiótico que se comunica mediante señales eléctricas y químicas aprovechando las actividades de cada una de forma mutua. Incluso los llamados rusticles o estalactitas de óxido tienen una estructura porosa que permite el flujo de corrientes de aguas cargadas de hierro y azufre. Este delicado ecosistema está protegido por las condiciones frías y oscuras de aquellas aguas profundas; el proceso de oxidación en un mar menos profundo sería bien distinto.

Visto en el Daily Galaxy.