¿Pero desde cuándo bebemos leche?

vachequiLOLLa leche es un invento mamífero. Producto de una glándula sudorípara modificada (esto es discutible. Lo digo para dar asco) sirve como alimento al bebé hasta que éste se desarrolla mínimamente y puede comer cosas decentes. Pero no todos los mayores pueden beberla…

Generalmente los adultos (sean hombres o gatos) no toleran la lactosa, ya que la enzima capaz de digerirla desaparece en poco tiempo; esto provoca diarrea y molestias intestinales. Un rastreo por razas permitió deducir hace tiempo que la capacidad de digerir la lactosa en estado adulto apareció en algún lugar del norte de Europa, junto con la piel blanca y las mejillas sonrosadas: todos ellos métodos para absorber o sintetizar la necesaria vitamina D, que normalmente se genera en la piel al recibir los rayos de sol.

He de decir que la leche y sus subproductos siempre me han parecido asquerosos y sólo tras un largo entrenamiento ninja puedo saborear quesos y yogures. No se me ocurre qué especie de Neanderthal pudo tener la idea de chupar lo que salía de debajo de una vaca, y el largo proceso deductivo para distinguirlas de los toros.

Un rastreo genético más moderno hecho por el University College of London permite concretar la fecha y el lugar aún más: 5500 A.C., entre pobladores de los Balcanes y Centro Europa: esto es muy reciente y contradice la hipótesis de la vitamina D, al menos en parte (allí hay buenas horas de sol).

Detalle sorpresa: Picando en la foto de La Vaca Que Ríe (es un cuadro del dibujante Benjamin Rabier, que diseñó el personaje original en 1924) se puede ver una tira cómica de Tintin-Lutin, del mismo autor, que demuestra lo terroríficas que pueden ser las vacas para un surrealista.

Visto en Cryptoworld.

5 comentarios

  1. Pues si, algo raro hay en eso de la lactosa, porque yo me he hinchado a boles de cereales con leche de niño, y ahora cuando la pruebo la leche me voy por la pata abajo. Eso sí, con los quesos no tengo problema alguno, pero me dan asco los quesos blandos… Donde este un buen queso curado…! 🙂

  2. «No se me ocurre qué especie de Neanderthal pudo tener la idea de chupar lo que salía de debajo de una vaca…»

    A veces me fascina pensar qué se le pasaba por la cabeza al primero que decidió probar alguna cosa de comer. En el caso de la vaca y otras hembras mamíferas, al menos la observación nos dice que lo que le sale de las tetas es comida buena para las crías, así que no es difícil deducir que puede ser bueno para nosotros.
    Pero, ¿en qué pensaba el primero que decidió comerse el embrión de una gallina, por ejemplo? ¿O qué mente enferma dedujo que esos artrópodos parecidos a cucarachas marinas estarían deliciosas asadas?

    «…y el largo proceso deductivo para distinguirlas de los toros.»

    Si distinguir unas tetas de un rabo para ti es un largo proceso deductivo, tómate tu tiempo cuando salgas de copas XD

    • Nah, seguro que alguna víctima hubo en el proceso de aprendizaje 😉 .

      Un fallo de la forma en que nos enseñan es que está aún imbuida de la forma de cuento de hadas: «un día el hombre decidió comerse la carne quemada por la hoguera y descubrió la parrillada«; sin duda el proceso fue repetitivo y tardaron mucho, en muchos sitios simultáneamente, antes de asumirlo como comportamiento cultural. Delicioso comportamiento cultural. Yumm 😛

      Antiguamente se decía que las culebras chupaban la leche de las ubres de vacas y cabras. Un reptil es aún más malo que nosotros digiriendo la lactosa, así que el mito es algo rebuscado. Igual lo usaban como laxante!

  3. Lechiita…

    Es cierto que la mayoría de los procesos llamados «culinarios» pueden ser entendidos como una cosa muy perversa: los cocineros pueden ser tíos muy sádicos… mezclar leche con carne, sangre con cebollas… ugh!

    ¿Tintín-Lulín? Él y su perro, ¿tienen algo que ver con Tintín y Milú?

    • Un chiquitín boy-scout que se llamaba Georges Prosper Remi era admirador de Benjamin Rabier y sus proto-comics. Dibujaba las vacas de la misma forma, al principio. Cuando se planteó su firma artística le decíamos: «-Ponte Geper, ponte Geper» pero al final se quitó el segundo nombre y quedó en Her-gé.

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