Galileo Galilei fue noticia hace unos años cuando Juan Pablo II le retiró la excomunión que pesaba sobre él desde que soltara aquellas blasfemias heliocéntricas. La verdad es que cuando estuvieron a punto de torturarlo en serio Galileo, que no era tonto, abjuró de sus teorías científicas (al fin y al cabo, usaba la lógica: si moría sus teorías no irían a ninguna parte, y además, la verdad científica es tolerante con este tipo de juramentos) y el cardenal Belarmino, que tampoco era tonto, lo excomulgó. Belarmino mandaba sobre el tribunal de la Santa Inquisición, el mismo cargo que hasta hace poco tuvo el cardenal Ratzinger, nuestro amado actual papa/lord Sith que tan a menudo aparece por este blog.
Los años pasaron, Galileo (y sus amigos, y sus enemigos) murieron y se hicieron polvo; hasta que un día trasladaron los restos del astrónomo a una tumba más apañada y un tal Francesco Gori se quedó con un dedo, concretamente el dedo medio derecho («vi a pillá un deíllo») con el que hizo una especie de relicario. Este dedo galileano pasó por diversos propietarios y ahora descansa en el Istituto e Museo di Storia della Scienza, en Florencia. Desde donde el científico mantiene su eterno gesto a aquellos que durante más de tres siglos y medio lo difamaron y siguen rondando por allí. Creo que como italiano temperamental, hubiera disfrutado de la ironía.
Enlace al catálogo del museo, inventario nº 2432
Enlace misterioso: ¿Por qué esto se llama también Galileo?




Parece como si les levantase el dedo medio a todo el que pasa… xDDD