Madness rides the star-wind… claws and teeth sharpened on centuries of corpses… dripping death astride a bacchanale of bats from nigh-black ruins of buried temples of Belial…
Una de las frases floridas favoritas de H. P. Lovecraft cuando habla de sus dioses alienígenas de más allá del espacio es la referente a los helados vientos que soplan entre las estrellas. Ithaqua camina sobre ellos en el helado Norte, y los fungoides crustáceos de Yuggoth acceden a la Tierra mediante alas membranosas con las que se desplazan por el éter. Bastante rápido, por cierto, porque Yuggoth es supuestamente Plutón (descubierto después de que Lovecraft hablara de ello, lo cual le valió un +1 en profecías, aunque el escritor era un astrónomo aficionado bastante culto y ya habría oído de las anomalías orbitales de Neptuno). Pero, ¿viento en el vacío?
La cuestión es que, por esas mismas, H. P. L. tenía claro que el espacio es un vacío casi absoluto donde no puede haber viento. La teoría del éter (que justificaba la hipótesis de la luz como onda) había sido descartada en 1931, pero se usaba mucho y era popular en los entornos paracientíficos para justificar muchas cosas, con lo cual Lovecraft disfrutaba incluyéndola en sus narraciones. Por lo tanto, cualquier referencia a «vientos estelares» o alas era cosa meramente poética. Cualquier monstruo queda más siniestro envuelto en unas membranosas alas de vampiro.
Más tarde supimos del viento solar, corrientes de plasma emitidas por el sol que sí ejercen un ligero empuje, suficiente por ejemplo para dar forma a la cola de los cometas. Pero ahora parece ser que hay otra perturbación ahí fuera, y esta vez en el vacío entre las estrellas. El telescopio Herschel de infrarrojos ha permitido a científicos de la ESA medir corrientes de casi mil kilómetros por segundo capaces de desgarrar galaxias… ¿cuál es su origen? Sólo se puede especular: pueden deberse al flujo de radiación y partículas acumulado de cientos de estrellas, o a las emisiones de la periferia de agujeros negros supermasivos.
Estas corrientes podrían literalmente desbaratar los cúmulos gaseosos de las galaxias impidiendo la formación de criaderos estelares, pero… ¿dónde va a parar esa materia arrastrada? Misterio. De cualquier manera, habrá que mirar con otros ojos a algunas ideas «acientíficas» que parecen reencarnarse con la nueva información de hoy día.
Artículo en space.com.



