Antiguamente, se creía que los vampiros se podían detectar en los cementerios por su costumbre de mordisquear el sudario durante el día (para no aburrirse?). Creo que tengo por ahí un librito de Ranft, De masticatione mortuorum in tumulis, que va de eso (¿O era el Dissertatio Historica-Philosophica de Masticatione Mortuorum de Rohr?). La solución casera para evitar esto, si eres un enterrador, es ir remirando tumbas y donde veas un muerto con los trapitos en la boca, zas! le empotras un ladrillo en la susodicha. Y es que el runruneo de los muertos mascando es peor que las palomitas en el cine.
En Venecia, la Peste Negra de 1575 provocó rumores sobre infestaciones vampíricas en la población, y los controles de los sepultureros hallaron cuerpos sospechosos de ser revenants a los que practicaron este sencillo exorcismo. Ahora los restos han sido exhumados en la isla-cementerio de Lazaretto Nuovo; en la mayor parte de los estos casos, el cadáver simplemente se habría movido en la tumba por contracciones post-mortem.
Visto en io9 y National Geographic.




Y los pocos vampiros que hubiese de verdad se habrían largado para evitar daños críticos en los colmillos, que en esa época, un vampiro mellado tendría poco futuro… 🙂