Otra de agujeros negros, ya puestos… el 28 de marzo pasado, el telescopio Swift de la NASA detectó una explosión masiva de rayos X y gamma provenientes de la constelación Draco (sí, la misma de la que viene la raza reptiliana que domina la Tierra según algunos). Estas explosiones son relativamente habituales en el cielo, pero esta en concreto era un millón de veces más potente y, en lugar de durar horas, duró semanas. Ello dio tiempo al Observatorio espacial Chandra de rayos X y al Hubble a reposicionarse e investigar más.
Se localizó la fuente de tan descomunal energía (bautizada GRB 110328A) en una galaxia situada a 3.800 millones de años luz de aquí. La suposición actual es que el agujero negro supermasivo que -según las observaciones del Chandra- está en el centro de esa galaxia ha capturado una estrella cercana, destrozándola. La absorción de la estrella provocaría la eyección de chorros masivos de partículas en la dirección del eje de giro del agujero; si está apuntando hacia nosotros, como parece ser, estamos viendo la misma vertical del agujero con todo el chorro de emisiones viniendo hacia aquí. (La foto es una exposición de cuatro horas del Chandra mostrando el gigantesco destello de rayos gamma; la cruz indica el centro de la galaxia en cuestión).



