Estos son Thera (izquierda) y Thrace (derecha), dos raras estructuras de terreno (máculas) que rompen la bastante regular orografía helada de Europa, la luna de Júpiter. Thera tiene unos 70 km. de ancho, ambos son terrenos emergentes de unos 300 metros de altura, irregulares y tienen ese característico color marrón.
Europa tiene bastantes estructuras singulares del terreno, zonas resquebrajadas parecidas a la piel humana, largos canales y otras formas ramificadas; todas ellas originadas por la dinámica del hielo que cubre la superficie. Superficie que en el caso de Europa se especula que sea un gigantesco océano de agua líquida, mantenida a temperaturas sobre cero por la actividad geológica del núcleo satelital cuya energía proviene de las mareas gravitatorias de Júpiter: el gigante gaseoso retuerce a sus lunas generando un enorme calor, como puede verse de manera evidente en Io, luna cubierta de azufre y fenómenos volcánicos.
Europa es uno de los principales objetivos de la búsqueda seria de posible vida extraterrestre en nuestro sistema. Bajo el hielo, en la oscuridad y rodeando las chimeneas volcánicas del abismo, podría existir un tipo de vida muy similar químicamente a la nuestra; de hecho en la Antártida existen lagos sellados bajo el hielo en los que hay abundancia de vida, aunque son mucho más jóvenes y nunca han estado totalmente aislados.
La capa de hielo de Europa es posiblemente muy delgada, unos veinte kilómetros de profundidad, pero lo suficientemente gruesa como para que la simple ascensión de una «pluma» de agua caliente tenga difícil el derretirla; pero si hablamos de fenómenos volcánicos persistentes, el tiempo podría provocar que se debilitara la corteza de hielo hasta que finalmente ocurriría que a) se formara un lago líquido en la superficie, que más tarde se recongelaría o b) hielos jóvenes hicieran erupción formando domos y elevaciones caóticas, como un lento volcán de hielo.
Un estudio sobre la posible dinámica de estos procesos, más o menos imaginados hace tiempo, calcula que estas bolsas de agua y hielo joven durarían entre 10.000 y 100.000 años antes de volver a helarse, lo cual no da tiempo a una evolución de vida orgánica pero sí a una emergencia de la posible vida de abajo, convirtiendo estas máculas en puntos ideales para un alunizaje futuro en busca de cosas interesantes.
Visto en Nature.



