Este es uno de esos estudios que rebaten otros estudios y me convencen del extremado chauvinismo que aún sustenta la ciencia humana. Cuando se habla de vida extraterrestre, por ejemplo, se limita el concepto a un tipo de vida orgánica basada en el carbono, con agua como solvente principal, con ácidos nucleicos como estructuras de almacenamiento de datos y autorreplicación. No digo que esto no sea práctico; buscar a las ballenas de polvo en los criaderos de estrellas, o gusanos cristalinos bajo los océanos de Titán, está más allá de nuestras posibilidades. Diablos, ni siquiera podemos ir a Marte a recoger polvo y ver si realmente contiene microbios o las reacciones extrañas que constató la Viking I son pura química del suelo.
Pero poco a poco se van abriendo frentes teóricos a nuevas apreciaciones de otras posibles biologías: atención, cantidad de enlaces en inglés a continuación, muchos de los cuales son puramente especulativos.
- Vida en planetas y satélites helados como Europa.
- Vida bajo el suelo en Marte y la Luna.
- Vida en planetas con sistemas binarios.
- Vida en planetas errantes u otros cuyas estrellas han muerto, porque puede haber vida alimentada por radiación cósmica, más que por luz o calor.
- Incluso: vida en entornos tan exóticos como el horizonte de sucesos de un agujero negro, paquetes de materia oscura o dimensiones extra.
Esto no es lo mismo que decir «planetas habitables por el hombre» que es una categoría distinta; es posible que ni siquiera podamos entender, contactar o incluso acceder a algunas de las más exóticas de estas posibles formas de materia organizada, pero ¿importa, ante el significado de semejante hallazgo?
Una teoría emitida hace algún tiempo (Jacques Laskar, del Observatoire de París) especulaba sobre la viabilidad de la vida en un planeta que no tuviera una luna gigante como la nuestra. Por lo visto la influencia de nuestro satélite va más allá de provocar mareas: también estabiliza la inclinación del eje terrestre evitando un caos climatológico continuo. Por otra parte, hace de escudo meteórico recogiendo escombros con su gravedad que de otra forma caerían sobre la Tierra provocando más o menos problemas. Como se calcula que menos del 10% de los planetas formados tiene posibilidades de poseer una luna tan fabulosa como la nuestra, pues eso reduce las predicciones de vida en el espacio 10 veces.
Ahora, una simulación efectuada sobre un sistema solar y una Tierra sin luna a lo largo de cuatro mil millones de años (es fantástico lo que se puede hacer ahora con ordenadores) por el equipo de Jack Lissauer del Ames Research Center de la NASA en California ha dado unos resultados de variación de eje bastante más reducidos (de entre 10 a 50 grados de inclinación, en comparación con los 0 a 80 que pronosticaba Laskar). Además, resulta que esta variación del eje es provocada por Júpiter, con lo cual otros sistemas planetarios podrían tener un juego de equilibrios totalmente diferente para obtener un planeta estable.
La cuestión es que el estudio de Laskar, fuera o no correcto, apuntaba a un dato interesante de la composición del sistema Tierra-Luna; pero el añadir un condicionante a la vida extraterrestre partiendo de estos datos era más una cuestión de titular que un valor a tener en cuenta.
Por cierto, la foto que ilustra este post es bonita pero exagerada; el enlace, sin embargo, apunta a una verdadera foto del sistema Tierra-Luna tomada por el HiRISE (Experimento Científico de Alta Resolución de Imágenes) de la Mars Reconnaissance Orbiter, que orbita el planeta Marte. Menos llamativa, pero mucho más molona.
Visto en New Scientist.



