Un tópico de la astronomía moderna era el concepto de «orbe muerto»: nuestro planeta tiene un núcleo de ferroníquel caliente que al rotar genera un potente campo magnético, además de mantener una dinámica de afloramiento de materiales (ya sea por volcanes o en las juntas de las placas tectónicas) que compensa la erosión. Así, es un planeta con relieves montañosos que de otra manera estarían ya rebajados y romos. Marte, por ejemplo, tiene un campo magnético muy débil que indica que la «dinamo» dejó de funcionar allí hace por lo menos cuatro mil millones de años. Otros mundos mantienen su vulcanismo debido a las mareas gravitatorias que calientan su núcleo, por ejemplo Io y Europa, las lunas de Júpiter. Pero la Luna está muerta: su fuego interior (cuyas señales puede que alberguen algún día las primeras colonias humanas) se apagó hace mucho, y lo único que altera su picoteada corteza son los continuos meteoritos que la bombardean.
Sin embargo, estudios recientes empiezan a cambiar todo esto. Hace unos cuantos meses, los Lunar Prospector detectaron los volcanes lunares más jóvenes jamás vistos, en el Lado Oscuro: 800 millones de años. Por lo visto la Luna aún tiene un núcleo caliente, como el de la Tierra -sólo que está mucho más frío: esto también se dedujo del reprocesado, el año pasado, de datos recogidos por las misiones Apolo en los ’70.
Entonces, ¿Por qué no vemos erupciones? La teoría más nueva (vaya, se publicó el 19 de febrero) habla de las especiales cualidades del magma lunar, posiblemente compuesto por minerales ricos en titanio y sustancias radiactivas: la densidad de este material lo habría sumergido muy por debajo de la corteza exterior de plagioclasas*. A medida que se va enfriando, el material de la corteza/manto, más ligero, va quedando fuera y encerrando el magma pesado. En la Tierra, simplemente, esa corteza es aún muy fina.
Claro, a todo esto concluimos que tampoco puede haber actividad tectónica en el satélite. Ciertos fenómenos geológicos, similares a grietas, serían el resultado de la contracción del orbe al enfriarse. Pero es que ahora hay más: el Lunar Reconaissance Orbiter ha enviado imágenes de una especie de trincheras, graben es como se les denomina, que serían el equivalente lunar de la dorsal del Atlántico: puntos en los que la corteza se está abriendo y revelando material profundo que emerge. Y estamos hablando de actividad reciente. Parece que la vieja Luna todavía tiene mucho juego dentro.
Neutral buoyancy of titanium-rich melts in the deep lunar interior, en Nature Geoscience
Visto en Space.com.
* Esto va totalmente en contra de la famosa teoría de Sherbakov de la Luna hueca, que da para otra historia…



