Titán, la luna de Saturno en la que se enfocan las miradas de muchos astrónomos que buscan sitios factibles de albergar vida, es famosa por su geografía (que hemos visto en un artículo anterior). Una luna con atmósfera densa, mares y continentes es atractiva a los ojos humanos, aunque ese paisaje no sea todo lo hospitalario que parece: los mares de nitrógeno a 180º bajo cero no son adecuados para nadar.
Pero la sonda Cassini, tomando lecturas a medida que orbita el planeta y su sistema de lunas -y ya lleva ocho años ahí- ha enviado algunos datos interesantes. Saturno provoca mareas gravitatorias en sus lunas, y Titán con su órbita elíptica se distorsiona entre su punto más cercano (periastro) y lejano (apoastro). No sólo la propia luna, sino también su campo gravitatorio, que es lo que ha medido la Cassini.
Se estimaba una deformación mareal de casi un metro en el terreno, pero la sonda ha registrado distorsiones diez veces mayores. Los datos llevan a pensar en una luna más flexible, con un océano de agua líquida emparedado entre dos capas de hielo de cientos de kilómetros de espesor, todo esto sobre el núcleo rocoso de silicatos. Esto abre una posibilidad extraña: un mismo mundo con dos formas de vida radicalmente distintas, una basada en metano y bajas temperaturas y otra, oculta en la oscuridad, con una química más similar a la nuestra viviendo en torno a fumarolas abiertas donde el núcleo asoma entre el hielo del fondo. Fascinante!



