A veces el reciclado de datos viejos resulta interesante: igual que se pueden restaurar películas digitalmente, los nuevos métodos de análisis son capaces de exprimir información significativa de donde aparentemente no la había. Esto ha pasado con los datos sismológicos lunares recogidos en las misiones Apolo entre 1969 y 1977, analizados con técnicas modernas de procesado matricial* que han resultado en una nueva imagen del interior de nuestra Luna, considerada fría y muerta.
El núcleo lunar se creía enfriado hace tiempo dado el menor tamaño del satélite y el hecho de que no tiene actividad volcánica o tectónica. Ahora sabemos que, además del calor residual de la bola fundida original (en lo que se basó Lord Kelvin para datar nuestro planeta entre 24 y 400 millones de años de edad) las tensiones gravitatorias y la descomposición de elementos radiactivos son importantes fuentes de energía que mantienen los núcleos planetarios calientes.
En el caso de la Luna, el nuevo esquema incluiría un núcleo ferroso fundido de 330 km. de diámetro, incluyendo dos capas de distinta densidad (la más exterior de unos 90 km.): esto es casi el 20% del diámetro del orbe lunar. Los datos concuerdan con las mediciones tomadas con láser hace unos años, que registraban una elasticidad acorde con la idea de un núcleo fundido.
(Nota: el esquema no corresponde a la luna, sino a Ganímedes).
Leído en Universe Today; visto en io9.
*sea lo que sea esto.



