En la novela 2001: A Space Odissey, Arthur C. Clarke explicaba lo que en la película de Kubrick no quedaba muy claro: el hallazgo del Monolito lunar enterrado bajo el cráter Tycho se había logrado al analizar un mapeado de distorsiones magnéticas de la Luna. Así el nombre clave del objeto, TMA-1 (Tycho Magnetic Anomaly). El monolito emitía para llamar la atención a quien visitara la Luna. Muchos han soñado que en la Tierra se pudiera detectar, mediante un mapa similar que revelara patrones de regularidad o picos inusuales, anomalías como el Triángulo de las Bermudas, las bases de OVNIs en el Tibet y el monte Shasta o tal vez las ciudades perdidas de la Atlántida, Akakor o Mu.
Pues ya lo tenemos. Después de cincuenta años de cartografía aérea, barcos con magnetómetros y satélites, se ha combinado un mapa global de colores que describe, en una escala cromática (en la que el rojo es el punto más elevado y el azul el más flojo) el campo magnético terrestre. Como era de esperar, los patrones registrados obedecen a un planeta activo: la actividad sísmica, los afloramientos de rocas de la corteza y las reacciones químicas del mineral generan estas áreas de disposición no aleatoria, pero sí natural. Lo siento, pero no hay un núcleo magnético bajo la Antártida o los Andes.
Por otra parte, si yo fuera un ET, sin duda usaría energías más sutiles en mi base secreta que un imán gigante.




Ahí te doy toda la razón… Desde luego alguien que es capaz de viajar por el espacio tendría mejores modos de poner una baliza de localización… xD