El anuncio por parte de un grupo de científicos del programa Breakthrough Starshot, cuyo objetivo es enviar micro-sondas espaciales a Alfa Centauri a velocidades cercanas a la luz con el objetivo de que lleguen allí en veinte años, ha despertado el entusiasmo de la comunicad científica. Dirigido por Peter Worden, ex-director del NASA AMES Research Center, y con un Consejo compuesto por Stephen Hawking, Yuri Milner, y Mark Zuckerberg. Ann Druyan, Freeman Dyson, Mae Jemison, Avi Loeb y Peter Worden se encargaron de hacer el anuncio.
Hace ya mucho tiempo, un matemático húngaro-americano, John Von Neumann, especuló con la posibilidad de fabricar máquinas autorreplicantes: sistemas artificiales capaces de fabricar copias de sí mismos. El físico Freeman Dyson expandió este concepto planteando utilizar las máquinas Von Neumann para gigantescos proyectos de astroingeniería, como terraformación de mundos o construcciones a nivel planetario (ya sabemos cómo planeaba construir las Esferas de Dyson), y también para la investigación de otros mundos. La dispersión por la galaxia de máquinas von Neumann, a las que Dyson denominó Astropollos, de forma lenta pero exponencial ampliaba mucho más las posibilidades de descubrir formas de vida inteligente que una expedición humana a gran escala. Los que recordéis 2010, la secuela de 2001: Odisea del Espacio saben que se revela al final que el Monolito es entre otras cosas una máquina Von Neumann diseñada para crear y dirigir formas de vida orgánica, con métodos tan expeditivos como autorreplicarse a lo bestia para provocar una reacción de fusión estable en Júpiter y convertir el sistema solar en un sistema binario à la Tattooine.
Dejemos las películas. Presentemos a Yuri Milner, el multimillonario soviético ruso que el año pasado donó cien millones de dólares al SETI no solamente para la detección de señales de radio sino para el desarrollo de unas sondas miniatura con requisitos mínimos, capaces de alcanzar velocidades cercanas a la de la luz. Estas micro-sondas -también llamadas femtosatélites– del tamaño de una galleta son básicamente una placa de circuitos integrados (no autorreplicantes) con una gran célula fotovoltaica. Sus funciones serán mínimas: alejarse de la Tierra en una trayectoria determinada, y avisar cuando encuentren algo. Pero ¿cómo se haría esto?
El primer planteamiento de estas micro-sondas, que empezó en 2011 como un proyecto KickStarter por parte de Zachary Manchester de la Universidad de Cornell, especulaba con el empuje provocado por el viento solar y los campos electromagnéticos que impulsan, por ejemplo, las nubes de polvo ferromagnético a grandes velocidades por el espacio como micrometeoritos. De hecho ya se ha experimentado con la resistencia de los componentes al espacio (se colocaron algunos de estos chips al exterior de la Estación Espacial Internacional). La idea es que este otoño se envíe un satélite CubeSat lleno de estos chips; el satélite -parecido a una torre de CD- expulsaría los chips mediante un resorte formando la primera flota.
Si se pudiera generar una carga eléctrica (y se puede, mediante unas antenas que utilizarían la ionosfera terrestre para cargarse) se podría dirigir a cada uno de estos chips como si de una vela se tratase, encendiendo y apagando el circuito. Desde la Tierra la flota se dirigiría a Júpiter, con una ionosfera veinte mil veces mayor que la terrestre… Júpiter y más allá…
Pero hay más. La instalación de un láser terrestre podría aplicar directamente sobre los chips la potencia necesaria para acelerarlos; pensemos que estamos hablando de objetos de escasos gramos de peso. Con un láser colocado en un lugar seco y alto y dotado de óptica adaptativa para evitar distorsiones atmosféricas, se podrían enviar 100 gigavatios de potencia a cada chip individualmente, empujándolo en minutos a una velocidad de 160 millones de kilómetros por hora en dirección a Alfa Centauri. Los chips que sobrevivieran a la travesía llegarían en veinte años.
Esto ya son palabras mayores y requieren algunos ajustes de peso en los chips y el desarrollo del super-turbo-láser. Pero el campo está sembrado… y pronto las primeras migajas de tecnología humana atravesarán el vacío entre las estrellas.
Espero que no le den a ninguna nave que pueda andar por ahí. El impacto de una galleta de 1 gramo a 4,5×107 metros por segundo tiene que hacer daño, son más o menos 2×1019 ergios o más fácil, 500 toneladas de TNT.



